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El Brexit, la emergencia de los movimientos antisistema y México

La inminente salía de Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), mejor conocida como “Brexit”, ha cimbrado el sistema internacional que venía imperando de manera casi hegemónica desde la década de los noventas.

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Por Nain Martínez

La inminente salía de Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), mejor conocida como “Brexit”, ha cimbrado el sistema internacional que venía imperando de manera casi hegemónica desde la década de los noventas. Sin duda el resquebrajamiento de la UE tiene un fuerte impacto económico y político; no obstante, el mayor impacto del Brexit radica en que exhibe con crudeza el desgaste de la globalización y el libre comercio en una nación que fue una de sus principales impulsoras. Además, se acumula a la emergencia de indicios de agotamiento de este modelo en otros países. Esto genera incertidumbre sobre la profundidad de la ruptura y el nuevo rumbo que el sistema internacional podría tomar, lo cual más tarde o temprano tendrá un impacto político en México.

De aquellos polvos, estos lodos. Desde la crisis económica que inició en el 2008, que condujo a buena parte de los países desarrollados a la recesión, han surgido una gran variedad de movimientos políticos antisistema que tienden a cobrar cada vez mayor fuerza. En los primeros años emergieron movimientos sociales como “Occupy Wall Street” o el “Movimiento de los Indignados” que provenían principalmente de jóvenes y los segmentos de la población que vivieron con mayor crudeza los estragos de la recesión. Sin embargo, frente a la incapacidad de las instituciones y los partidos políticos traiciónales de generar una respuesta al descontento social, emergieron o se revitalizaron partidos políticos antisistema de derecha y de izquierda.

Un fantasma recorre el mundo. En Francia, el “Frente Nacional” (de corte nacionalista y de ultraderecha) de Marine Le Pen ha venido cobrando fuerza hasta convertirse en un partido político altamente competitivo y con posibilidades de alcanzar el poder el siguiente año. En Grecia, emergió “Syriza” (de izquierda nacionalista) quien también promovió la separación de su país de la UE. En España nació “Podemos” que en tan solo dos años de existencia ha crecido hasta convertirse en una de las principales fuerzas políticas y balance de la gobernanza de esa nación. En Estados Unidos, la agenda antisistema encarnó tanto Bernie Sanders (desde la izquierda) como Donald Trump (desde la derecha). Otros ejemplos menos visibles (aun) es el crecimiento de la ultraderecha en Finlandia, Austria, Dinamarca y Alemania.

En todos los casos el argumento medular es el mismo: las elites cosmopolititas de izquierda como de derecha están corrompidas, ya que han dejado de representar y trabajar para sus naciones, y en cambio representan los intereses de un sistema que deteriora la calidad de vida de la población. La diferencia radica en quienes son percibidos como culpables. Para las naciones periféricas (Grecia o España), el culpable es el sistema económico internacional, la desigualdad y las elites políticas y económicas; por lo tanto la prescripción de los partidos antisistema es “la justicia social”. Para las naciones centrales (Reino Unido, Francia o Alemania), los culpables son la inmigración, la competencia desleal y también las elites trasnacionales; por eso la prescripción es recobrar la identidad de sus pueblos y la grandeza de sus naciones. En todos los casos se reclama una ruptura.

Y despertamos con la resaca. Si bien ya existía un precedente con el Grexit (el poco exitoso intento de salida de Grecia de la UE), se consideraba que el sistema internacional podría contener los brotes de disidencia. El Brexit demostró que estos movimientos y partidos antisistema no solo pueden triunfar, sino que lo pueden hacer en las naciones centrales. Esta vez no se trata de Grecia o España, sino de Reino Unido quien ha sido uno de los principales impulsores de la globalización y de la economía de mercado, y que ocupa una posición central en el sistema económico internacional. El Brexit abre la posibilidad de que la política antisistema se difunda y puedan triunfar en otras latitudes, y como riesgo máximo en Estados Unidos.

Los vasos comunicantes con México. La globalización y el libre comercio han generado crecimiento y beneficios a algunos sectores económicos y regiones del país; sin embargo en las últimas décadas ha aumentado la desigualdad y esos beneficios no se han traducido en mejores condiciones de vida para un amplio segmento de la población que continua en la pobreza. Existe un desencanto hacia la política y las instituciones, y los partidos políticos tradicionales se encuentran en descomposición. Además, la población se siente amenazada por la retórica antimexicana de Donald Trump. En este contexto, en México ya se discute entre analistas la posibilidad de la emergencia de un potente movimiento antisistema. Desde luego que los factores internos juegan un importante rol en el escenario político, pero lo que ocurra en Europa y en Estados Unidos podría tener un efecto pedagógico (al mostrar que la ruptura es posible), además de generar efectos económicos y políticos que propicien una alternativa política de esa naturaleza.

El Brexit parece la señal de que un nuevociclo político está emergiendo. Por lo que el rumbo que tomen las naciones vecinas y aliadas, así como sus efectos en la política interna, podrían determinar la posición de México en el nuevo escenario internacional.


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