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La chica danesa, de David Ebershoff

La novela es un retrato de ficción, aunque partiendo de una historia real, que nos conduce a un despertar personal a partir de la mirada de quien está frente a nosotros

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Lili Elbe antes respondía al nombre de Einar Wegener. Su historia está narrada e hilvanada con pedazos de ficción por la pluma de David Ebershoff en “La chica danesa”. Este libro no es una biografía, el mismo autor lo aclara al final de su relato, pero sí es un viaje que a su vez se vuelve una figura abstracta de todo el proceso por el que tuvo que pasar Lili para poder llamarse así las 24 horas del día.

Comienza contándonos sobre un matrimonio, el de Einar y Greta (quien en la realidad se llamó Gerda), ambos jóvenes y talentosos. Ambos también pintores; ella de retratos, él de paisajes. Un día, Anna, a quien Greta hacía una pintura, no llega; le pide entonces a Einar que se coloque las medias y zapatos que estaría usando aquella modelo para poder terminar su retrato. En ese momento algo cambia, algo se mueve dentro de Einar, porque ahí, cuando nace Lili, se abre el mundo con todas aquellas posibilidades que fueron hasta entonces profundos miedos y que parece estar apenas descubriendo.

La identidad sexual, esa parte tan esencial que a todos nos cuesta construir. Vivirla a plenitud es un proceso único y personalísimo. Hay a quienes resulta más sencillo, pero hay a quienes se vuelve una etapa de formación profundamente dolorosa. En cualquier caso, siempre son necesarios aquellos afectos que dicen que todo está bien, que es el camino correcto, que eventualmente todo pasará y se pondrá en su lugar. Aquellos que ayudan con su sola presencia o quienes demuestran su tanto amor con un empeño incansable para asegurarse que ese otro es feliz o que por lo menos está camino a serlo.

De eso trata “La chica danesa”, de la transformación de Einar en Lili, del entendimiento que Greta, su esposa, hace de una situación que vivida en la década de 1920, con toda seguridad, habría resultado escandalosa. A Greta la mueve el amor que siente por Einar, por eso se asegura de que él y ella – Lili – estén bien. Es ella quien le recurre a Hans, una pieza importante en el pasado de Einar para que lo ayude a él a entender el porqué Lili debe ser alguien siempre presente. La complicidad que existió siempre entre ambos, fue la pieza que mantuvo firme a Einar mientras a ratos era Lili y a Lili cuando a comenzó a despedirse de Einar.

La historia real de Lili Elbe se puede leer en cualquier parte. Los varios procesos quirúrgicos a los que debió someterse, así como las razones de su muerte, están ahí, escritos en archivos médicos. Ella fue la primera persona en someterse a una cirugía de reasignación de género, hecho importantísimo para dar forma a la causa transgénero que conocemos hoy. Pero es en esta novela y por la narrativa de Ebershoff, que esta historia adquiere cualidades que la convierten en una lectura necesaria para conocer, para observar con otros ojos, ese proceso tan único como lo es la formación de la identidad. “La chica danesa” es además una historia de amor que va mucho más allá a lo que se cuenta en una película que no le hace justicia.

La novela es un retrato de ficción, aunque partiendo de una historia real, que nos conduce a un despertar personal a partir de la mirada de quien está frente a nosotros. En este caso, la historia de Lili no habría sido posible sin Greta, porque fue ese amor, esa complicidad entre ambos, la que la trajo al mundo, lo que la llevó hasta la última parada para convertirse en quien siempre debió ser. Este libro es como ese rompecabezas que se ve en su portada, donde cada pieza es un pasaje del proceso cuyo final derivó en una Lili siendo real... de la misma manera en que todos aspiramos a serlo.

“La chica danesa” está editada por Anagrama

Por: Alan Ulises Niniz


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