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Contra el tiempo, entrevista con Ana María Shua

Algunos de los tantos cuentos que Ana María Shua ha escrito a lo largo de su carrera, llegan recopilados en “Contra el tiempo” (Páginas de Espuma, 2013), prologados por la también cuentista Samanta Schweblin.

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Por Alan Ulises Niniz

Algunos de los tantos cuentos que Ana María Shua ha escrito a lo largo de su carrera, llegan recopilados en “Contra el tiempo” (Páginas de Espuma, 2013), prologados por la también cuentista Samanta Schweblin.Los relatos de esta compilación ya han sido publicados en ediciones anteriores, aunque hay también uno nuevo. En algunos de ellos, Shua prioriza al humor y al sentimiento de fracaso como esos compañeros inevitables, que a veces van de la mano, pues juntos hacen que los golpes duelan menos. En otros se vale de la ironía y hasta de ciertos grados de locura, para contarnos historias que parecerían inverosímiles, pero que continúan el trabajo pulcro de quien es hoy una referente en la tradición de cuentistas latinoamericanos.

Presentamos una entrevista con ella, Ana María Shua, escritora argentina que lo mismo ha desarrollado microrrelatos y cuentos que novelas y hasta guiones cinematográficos. En esta conversación nos habla sobre las maravillas y complicaciones de las historias cortas, pero también un poco sobre el abandono que vive la poesía y hasta de la felicidad y la muerte.

*Una idea que Samantha –Schweblin– retoma en el prólogo de esta antología, sobre las ilusiones del cuentista, ¿cuáles son estas ilusiones para usted?

Yo creo que el cuentista sale a la caza de un detalle del universo que sirva para contenernos y, al mismo tiempo, para explicarlo, porque el deseo del cuentista es contar una pequeña historia que pueda servir para explicar el universo. Si no sirve para explicar el universo, se queda en anécdota. Esa pequeña historia, ese detalle, tiene que revelar algo, tiene que arrojar una luz acerca del comportamiento humano, de las necesidades y de los deseos e ilusiones del ser humano. Y tiene que contarlo de una manera en que nunca se haya contado antes. El cuentista siempre fracasa, porque todo cuento es una negociación entre las ilusiones del cuentista y lo que verdaderamente es capaz de hacer cuando se enfrenta a la lucha contra las palabras...

*¿Y cuál es esa línea? ¿cómo identificar esa línea que marca lo que es una anécdota, un cuento o una, como ha dicho antes, sólo una frase ingeniosa?

Eso tiene que ver más que ver con la minificción y una cierta trivialización que se está dando últimamente. Mucha gente que piensa que porque se le ocurrió una frase ingeniosa ya tiene una minificción, y para mi la literatura es mucho más que ingenio. Sucede también con los cuentos largos, a mi no me basta con que un cuento sea chistoso o interesante. Yo pido en la literatura mucho más, yo pido que un buen cuento nos toque de alguna manera irreversible. En esa diferencia es donde juega la cuestión de la literatura. Por eso yo no estoy de acuerdo con la gente que dice que lo más importante en un cuento es la trama o la historia que cuenta, porque eso se podría contar en un artículo periodístico o como algo que le cuenta un amigo al otro; no basta con la anécdota. Hay otra parte, la que va a producir ese efecto de revelación...

*Y ése es su alcance...

Claro. Porque va a arrojar luz sobre una cierta característica profunda del ser humano y de los personajes sobre los que está trabajando...

*Y sobre los cuentos que ha escrito, ¿alguno le ha provocado la idea de que pudo haber sido una historia más extensa?

No, jamás me pasó eso. Mi literatura y mi forma de escribir tiene mucho que ver con la voluntad. Yo primero decido cuál género voy a escribir, y cuando decido que será cuento, pienso en historias de cuentos y esas historias ya no sirven para novelas. Tampoco me ha pasado que una idea minificción se me agrandara hasta ser un cuento. Es como si trabajara con varias partes de mi cerebro.

*Ha escrito muchos, casi todos los géneros, ¿alguno que considere que está más abandonado que otro?

Bueno, la poesía está terriblemente maltratada en esta época. La poesía tiene muchos cultores y pocos lectores. Hoy soy contadísimos en el mundo entero y en todos los idiomas, los autores de poesía que pueden ver sus libros publicados sin poner de su dinero.

*De los escritores que hay en la actualidad, cuentistas, ¿cuáles son los que disfruta leer?

Hay muchísimos buenos cuentistas, es una pregunta que abarca al universo. Pero, digamos, por seguir una línea, de lo que está pasando hoy en México, hay una que me interesa muchísimo que para mi va por el lado de Fabio Morábito, Juan Villoro y Guadalupe Nettel. Yo creo que ahí hay una renovación del género. En el mundo hay un cuentista que para mi, hoy, es uno de los más grandes del mundo, Etgar Keret, un cuentista israelí, es extraordinario. En Estados Unidos hay unos cuentistas maravillosos que también están renovando el género. Hay una cuentista que leí hace poco y que me dejó girando la cabeza, se llama A.M. Homes, es una cuentista llena de sonido y furia.

*Retomando algo que dijo hace un tiempo, ¿por qué considera que es más difícil, no sólo escribir, sino que la gente se interese por leer historias donde no abunde la tragedia?**

Es una pregunta muy interesante. Cuando yo publiqué “Que tengas una vida interesante”, que es una antigua maldición china; porque una vida interesante, sobre todo para los demás, suele ser una muy desdichada para quien tiene que vivirla. La felicidad no es narrativa, puede dar lugar a la poesía lírica, pero la felicidad es puntual, no tiene un desarrollo en el tiempo, no se puede contar y no es interesante, ahí está la antigua y gran prueba de esta cuestión en “La Divina Comedia”, lo apasionante del Infierno y lo poco interesante que es el Paraíso. La felicidad no sirve para contar un cuento. Quizá porque en la realidad no hay una historia humana que termine bien, y la literatura se ocupa de eso. Ninguna historia humana termina bien, porque todas terminan de la misma manera. Sabemos lo que nos va a pasar tarde o temprano. La literatura y el arte en general está ahí para recordárnoslo.

“Contra el tiempo”, está editado por Páginas de Espuma, con prólogo de Samanta Schweblin.


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