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En medio de extrañas víctimas, de Daniel Saldaña París

Su final es alucinante, es apenas el que esperamos para una historia que nos llevó a varios tiempos, lugares y personajes

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A “En medio de extrañas víctimas” de Daniel Saldaña París (Editorial Sexto Piso, 2013), lo recibió una crítica bastante amable, es la primera novela de este joven autor conocido ya por sus poemas, creador de Método Universal de Poesía Derivada, una técnica en la que el lector se apropia de los poemas según el tiempo y el espacio en que es leído.

Al comenzar a leer sobre Rodrigo, el protagonista del libro, de inmediato recordé al antihéroe de “Ampliación del campo del batalla”, de Michel Houellebecq. El joven que se acerca a los treinta ¿resignado? a observar cómo transcurren sus días, en este caso detrás de un escritorio, sin mayor emoción. Afortunadamente, sólo fue una referencia breve, porque Saldaña París transforma a este personaje, sí, también en un antihéroe, pero con cualidades totalmente distintas al del escritor francés:

“Cuando llueve no me pongo melancólico, ni mucho menos. Simplemente tengo la impresión de que el clima le hace justicia, al fin, a la grisura general de la existencia. Adiós, hipocresía del trópico: que el sol regrese a su rincón de la galaxia y nos deje contemplar por última vez la oscuridad sin huecos que se cierne sobre nosotros, tristes mortales ataviados con falsos tenis Nike llenos de lodo...”

La historia de Rodrigo está plagada de un humor preciso, esto hace que la lectura tome un ritmo bastante bueno. Las páginas pasan y pasan, la cotidianidad que el mismo Rodrigo considera aburrida, para el lector será una narración poco monótona: los escapes que se permite a través de una ventana, una gallina o los cambios que llegan a su vida a través de un trazo de papel dejado en su escritorio en el que sólo se lee la palabra “acepto” y la aparición de Cecilia, son elementos suficientes para no perderle el ritmo a la lectura.

Aunque la segunda parte del libro tituladada “Consideraciones fundamentales en torno a algo”, es tal vez la más pesada; seguramente porque, aunque necesaria para el intercale de historias, nos olvidamos de momento de Rodrigo y del resto de los personajes que lo acompañarán hasta el final; como la propia Cecilia, quien de la noche a la mañana se convirtió en su mujer. El resto de los capítulos que lo completan, dos más, logran cerrar alucinadamente la historia de este antihéroe quien sumergido en su rutina encuentra otros sentidos y significados.

Rodrigo, acompañado del resto de personajes secundarios, logra atrapar la atención de quien lo lee. Logra sembrarnos dudas y ganas por saber qué sucederá con él, cómo resolverá su existencia... una que pareciera ya agotada, pero que él, de alguna forma, logra explotar hasta el final de las más de 300 páginas de historia. Su final es alucinante, es apenas el que esperamos para una historia que nos llevó a varios tiempos, lugares y personajes. Rodrigo es un antihéroe y su historia logra ganarse un lugar en la mente de quien lo conoce.


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