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Ahuehuete de Chalma, testigo mudo de creencias y ritos de purificación

Cercana a los 230 años, mide casi 40 metros de altura y puede ser abrazado por 15 o 20 personas tomadas de la mano

El sonido del agua cristalina que brota y corre por sus raíces contrasta con el silencio guardado en más de 200 años. Es el Ahuehuete de Chalma, un testigo mudo de creencias, ritos de purificación y bailes de coronación que ocurren cada día a su alrededor.

Este majestuoso árbol, rodeado de una gran riqueza natural y misticismo, es parte importante de la identidad de los habitantes de Ocuilán de Arteaga, en el Estado de México, pues sin duda, apreciar a detalle todo su esplendor inspira respeto por su gran tamaño y larga vida.

Se calcula que tiene una edad cercana a los 230 años, mide casi 40 metros de altura y puede ser abrazado por 15 o 20 personas tomadas de la mano. “Este árbol, aparte de ser sagrado, representa a todos los cientos de millones de árboles que hay esparcidos por más de 25 mil hectáreas”, aseveró Félix Alberto Linares González, alcalde de dicho municipio.

Señaló que este árbol “viejo del agua”, como lo indica su significado en náhuatl “Ahuehuetl”, habita sobre un manantial que emana de sus raíces y, al mismo tiempo, se conjunta con el caudal que proviene del cerro de las Lagunas de Zempoala.

A este caudal, que cae y recorre cada una de las seis piletas en forma de escaleras y al pie del corpulento tronco, la tradición popular le ha atribuido propiedades milagrosas. Por ello también es conocido como el “Árbol Sagrado” y cada año acuden miles de peregrinos provenientes de toda la República Mexicana.

De hecho, indicó Linares González, el Ahuehuete es un paso obligado para los fieles, sobre todo para quienes visitan por primera vez este lugar, porque hacen un ritual de iniciación antes de llegar al Santuario del Señor de Chalma, considerado el segundo más visitado de México, después de la Basílica de Guadalupe.

Y es que, la historia cuenta que Sebastián de Tolentino y Nicolás de Perea, frailes de la Orden de San Agustín, llegaron en 1539 para realizar un proceso de evangelización en Malinalco y Chalma y hallaron que en una de las cuevas cercanas se veneraba a Oxtotéotl -Dios de la Cueva- con sacrificios humanos.

Al dirigirse a la cueva para destruir a Oxtotéotl y promover la veneración de Jesucristo, los frailes se encontraron con el milagro de la aparición del Cristo crucificado con el ídolo hecho añicos en los pies.

Entonces, comentó Esteban Aguilar Medero, historiador autóctono, los frailes comenzaron el ritual de llegar al Ahuehuete para bañarse, lavar su ropa, descansar y, al día siguiente, continuar su camino con una corona de huizache en la cabeza y, sobre su espalda, una cruz de madera para ver a Dios.

Hoy, los fieles católicos viajan solos o en procesión de distintos lugares del país, ya sea a pie, en bicicleta o autobús, para primero descansar bajo la sombra de este gran árbol, situado en el kilómetro 40 de la carretera Santiago Tianguistenco-Chalma, y realizar la tradicional ceremonia religiosa.

Al llegar a la plazoleta, apuntó Linares González, los esperan las coronas de flores de colores o blancas, que son confeccionadas por amas de casa de las comunidades cercanas. Bailan, algunos se mojan solo la cabeza o la cara, y otros deciden bañarse y disfrutar por completo del agua cristalina.

Tras el baño, continuó Aguilar Medero, los peregrinos siguen su camino hasta llegar al Santuario del Señor de Chalma y, antes de ingresar para escuchar la misa, en la entrada depositan en ofrenda y como agradecimiento la corona de flores.

De ahí que la expresión “ni yendo a bailar a Chalma” se ha convertido en un dicho popular, al afirmar que algo no tiene solución o por más que uno intente lograr su propósito, ya sea mediante rituales, promesas o mandas, no podrá conseguirlo.

Así, este longevo árbol ha sido testigo vivo de la historia del municipio y todos aquellos que con fervor recorren kilómetros para llegar a sus pies y refrescarse con su agua milagrosa para solicitar una petición.

El presidente municipal recordó que las muletas, los pedazos de yeso, las prendas y diversos objetos muy significativos de quienes obtuvieron el milagro con el agua sagrada, por ejemplo, eran colgados en el tronco hasta hace dos décadas.

Subrayó que, por cuestiones de conservación, el Ahuehuete de Chalma hoy está cercado con un barandal de metal y solo pueden encontrarse unas cuantas cruces de madera sobre él, pues el paso de los vehículos ha reducido el caudal del río.

Linares González agregó que lo mismo ocurrió con el terremoto de 1985, al derrumbarse parte de los cerros sobre el arroyo y el agua resulto afectada porque salía sucia.

De acuerdo con el Registro Nacional de Árboles Majestuosos de México, realizado por la asociación civil Reforestemos México, el Ahuehuete de Chalma es uno de los 33 árboles más representativos del Estado de México y está en la categoría de riesgo de ataque por la presión urbana.

El Ahuehuete es un árbol fuertemente arraigado en las tradiciones mexicanas prehispánicas y está ligado a la historia y leyenda del país. “El Árbol de la Noche Triste” es, por ejemplo, el más conocido entre las leyendas de la Ciudad de México porque atestiguó el llanto de Hernán Cortés, al aceptar su derrota ante el pueblo mexica la noche del 10 de julio de 1520.

El gigantesco “Árbol del Tule”, ubicado en Santa María del Tule, en Oaxaca, es quizá el sabino más grueso que se conoce, pues es tan ancho que ni 30 personas tomadas de la manos extendidas lo alcanzan a rodear, y se calcula que tiene una antigüedad de más de dos mil años.

Sin duda, el Ahuehuete es un símbolo mexicano y, por ello, en 1921 fue elegido de entre 21 especies como el Árbol Nacional en conmemoración de la Independencia de México.


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