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Centro Histórico, la opción predilecta para comprar útiles en regreso a clases

Los capitalinos se surten de todo lo necesario para este regreso a clases

Padres de familia, por lo general acompañados de sus hijos, recorren tiendas de ropa, librerías, papelerías, zapaterías y tiendas de uniformes en el Zócalo capitalino y sus inmediaciones para que no les falte nada en el inicio de clases.

En el lugar permea un sentido de “urgencia” mientras los niños se prueban ropa y los adultos los apuran porque hay que seguir buscando hasta completar los requerimientos.

Cada uno, según sus posibilidades, hace su mejor esfuerzo para engalanarlos, aunque advierten que los precios “están por las nubes”. “Por el inicio de clases, los comercios reetiquetaron”, denunció Pilar Silva, madre de un estudiante de quinto año.

“Ya compré todo y está carísimo. En esta ocasión tuve que gastar en uniforme, juego de pants, suéter, chaleco y pantalón, los que subieron bastante” dijo. El esfuerzo económico es grande.

Mientras carga dos bolsas grandes en las que lleva lo que adquirió en el centro de la ciudad, indicó que en esta temporada gastó más de seis mil pesos tan sólo entre libros, cuadernos y materiales.

Por su parte María Teresa Olmos sostuvo que en el Zócalo y las inmediaciones “está todo más barato”.

La mujer, proveniente del municipio de Tlalnepantla, en el Estado de México, camina entre las tiendas para encontrar las cosas que le pidieron a su nieto, porque asegura que en comparación con el sitio donde vive, “aquí los precios pueden ser hasta 60 por ciento menores”.

Joel, su nieto, cursará el primer grado de secundaria. “Todavía no entra y ya le pidieron 500 hojas blancas”, dice mientras las saca de la bolsa. “Seguro aquí va a hacer todas sus tareas”.

Ayuda a su hijo a encontrar los materiales del nieto, al igual que lo hace con otras dos nietas.

“Ellos trabajan. Yo los ayudo”, dice. “Qué bueno que ya se van a clases porque es mucho gasto tenerlos en casa aunque, para los papás, es fuerte económicamente que regresen a clases”.

En los monitores del Metro se anuncian préstamos de organismos gubernamentales para apoyar al regreso a clases y no son pocos los centros comerciales que ofrecen meses sin intereses o descuentos en ropa o artículos escolares. Todos buscan las mejores oportunidades.

Son muchos también, sin embargo, los que no han iniciado “la danza” por las compras. Es el caso de Alicia Martínez, quien descansa un momento en las escaleras de la estación Zócalo con sus dos niñas, una que entrará a segundo de preescolar y otra a segundo de primaria.

“Todavía no han dado la lista. Cuando regresan a clases se las dan y luego tenemos unos 15 días para surtirla”. Zapatos de diario y tenis, camisetas, calcetines, calzones, pantalones y camisas, pants, cuadernos… es una inversión. Pero ellos son la mejor inversión, dice.

A la pregunta de ¿cómo enfrenta el regreso a clases? contesta: “con una tanda que yo misma organizo”, y señala que también procura seguir utilizando lo que sirve, como las mochilas.

“Lo bueno es que sólo me falta un libro”, dice Samantha Rocha a su amiga, con quien viaja en Metro. Tiene 20 años, estudia medicina. Tenía que entrar hace dos semanas a clases, pero “me retrasé”, indica.

Añade que la carrera de medicina de la UNAM en Ciudad Universitaria no es barata. “Empiezo el primer semestre. Ya compré los pantalones y la bata blancos. Pero los libros son bastante caros. Mi papá pone una parte y yo otra.

Sin estar abarrotadas, en las calles Francisco I. Madero, 16 de septiembre, 20 de Noviembre y 5 de Febrero, entre otras, no pasan desapercibidos los que adquieren de todo para sus hijos.

“Creo que las escuelas deben tener cuidado con las cantidades de cosas que piden. Eso porque los niños no utilizan todo y no les enseñan a reutilizar. Por ejemplo, los colores se quedan a la mitad y les piden nuevos”.

Pero, quién quiere colores a medio usar. “La ilusión del regreso a clases, tiene que ver en gran parte con estrenar”, dice la señora Naye.

Recuerda cuando iba a la escuela y el olor a nuevo de sus colores, su ropa y sus cuadernos. “¿A poco no?”, se sonroja.


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