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Tlalcoyotes, guardas en la última frontera de la Ciudad de México

Se trata de un grupo conformado por 26 elementos

Con las primeras luces de la mañana, la Brigada Comunal Tlalcoyotes tiene listo el equipo que empleará para su tarea diaria de proteger el bosque de la delegación Milpa Alta.

Se trata de un grupo conformado por 26 elementos dedicados “principalmente al combate de incendios, manejo del fuego y posteriormente a los trabajos de conservación y restauración del suelo”, explica el representante de la Brigada, Luis Cabello.

Lejos de los grandes edificios y la incesante vida nocturna del “centro”, como se refieren algunos habitantes de la comunidad de Villa Milpa Alta a la Ciudad de México, en estos parajes aún perviven antiguas tradiciones y sembradíos de nopal.

Así, la vida de los jóvenes que integran la brigada transcurre en íntima relación con el poblado, “en Milpa Alta tenemos esa veda, no podemos tener cines, ni centros comerciales ni mucho menos cantinas; diversiones así no podemos porque es tierra comunal, es parte de una tradición de los mismos comuneros”, señala.

Desde Villa Milpa Alta, uno de los diferentes pueblos que integran la delegación, al que se llega por la carretera Xochimilco-Oaxtepec; el acceso al bosque, colindante con el estado de Morelos, está aún a una hora de camino en camioneta.

Ante el tenaz frío de la mañana, los jóvenes designados para este día de trabajo se enfundan en chamarras y chalecos distintivos de la brigada, botas y pantalones especiales para su labor, y se acomodan en la pick-up adaptada que los llevará a cumplir la misión del día.

Confiado en el equipamiento y preparación de la brigada, su jefe de Frente, Alberto Máximo Ortiz, explica que “nosotros el día de hoy tenemos cursos, y cada año vamos más preparados cuando haya este tipo de incendios y no meter a la gente a un riesgo; eso es lo primero que tenemos que cuidar”.

Estrechas calles de doble sentido conducen a la cima de las colinas, pasando por el último asentamiento urbano donde los olores y colores del mercado ofrecen todavía “antojitos” de masa de maíz azul y bebidas calientes antes del inicio de la jornada.

Las provisiones de esta brigada, conformada también por mujeres, no son muchas, algunos refrescos y agua embotellada para el camino; torta de tamal, gorditas de chicharrón y tlacoyos para el desayuno, brindan el ánimo necesario para continuar el camino.

"Soy una trabajadora más de la brigada Tlalcoyotes, mi labor es jornalera”, dice la madre de dos hijos, Gabriela Ortiz, con deseos de trabajar en esto por “el aire limpio que uno respira aquí, porque es lo principal, y porque finalmente como ama de casa no cae mal un poco más de dinero".

“En este tiempo ya somos como siete u ocho mujeres; casi todas tienen otro trabajo; otras se dedican al nopal y otras son comerciantes, tianguistas; la mayoría se dedica más al comercio del nopal”, agrega.

Luego de pasar una caseta de vigilancia instalada por los comuneros para tener más control de talamontes y cazadores furtivos, el camino cambia su pavimento por la terracería distintiva de las brechas de este bosque.

La camaradería pervive en el trayecto, demostrada por las risas que provocan en los jóvenes de la brigada el recuento de las anécdotas de su vida cotidiana, en la que algunos combinan su labor de guardabosques con el comercio o el trabajo del nopal para completar su ingreso.

“Este sueño empezó hace como 10 años; y precisamente a la gente que se le invita a trabajar aquí pues se les lee la cartilla, decirles: mira, este es un apoyo no es un sueldo; son mil 305 (pesos) a la quincena”, puntualiza Luis Cabello.

Pinos, oyameles y zacates, que sirven de refugio a especies típicas como el conejo zacatuche y el gorrión serrano, conforman el paisaje de esta frontera capitalina, vecina de la reserva del Chichinautzin y del Tepozteco del estado de Morelos.

Los problemas que enfrentan estos jóvenes al subir diario al bosque es la “caza todavía furtiva, ilegal, que esa es de años; tenemos un poco de saqueo de madera", señala.

Las duras labores del campo que realizan a diario se intensifican durante la temporada de incendios, cuando el trabajo “es de domingo a domingo, no tenemos un descanso, y menos horarios en incendios”, agregó.

Con el entrenamiento recibido, tanto por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) como por instancias de Protección Civil, “si vemos un incendio de una gran magnitud, con siete personas lo apagamos, porque tenemos técnicas de poderlo combatir o controlar”, continuó.

Al tiempo que sus compañeros retiran material natural seco del bosque que pudiera servir como combustible para incendios y así prevenirlo, señala que nunca han utilizado más elementos que tierra y mochilas aspersoras de agua en esta labor.

“Cuando llegamos a un incendio lo primero que tenemos que hacer es valorar todo: topografía, tiempo atmosférico, temperatura, las rutas de escape y de seguridad; teniendo eso, porque contamos con una estación meteorológica portátil, ya hacemos un proceso de formación”.

En este proceso designan el modo en que se realizarán las técnicas de paleo y el rescoldo, para que no vuelva a resurgir el incendio, comenzando por donde se inició el fuego, punto que ubican aplicando la dirección del viento.

Luego de acomodar todo el material natural recogido durante la jornada, el equipo levanta sus herramientas y enciende una hoguera en el camino de terracería para calentar sus alimentos en un comal y continuar con la plática y camaradería, antes emprender el camino de vuelta.

De regreso a la oficina comunal de Villa Milpa Alta, la camioneta de la brigada acerca a sus integrantes a sus casas, a fin de que al día siguiente vuelvan a su labor contra los incendios de su patrimonio: el bosque.


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