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Las chinampas de Xochimilco, milagro humano y de la naturaleza

Aquí hay garzas blancas, grises y plateadas, patos, gallaretas, pelícanos, lechuzas, halcones, aguilillas, cenzontles, y en otros tiempos hubo pumas, tepescuintles, tigrillos y venados, en una superficie que abarca más de la décima parte del territorio capitalino, a pie o navegando.

Aquí hay garzas blancas, grises y plateadas, patos, gallaretas, pelícanos, lechuzas, halcones, aguilillas, cenzontles, y en otros tiempos hubo pumas, tepescuintles, tigrillos y venados, en una superficie que abarca más de la décima parte del territorio capitalino, a pie o navegando.

Para fortuna de los capitalinos, Xochimilco muestra todavía el prodigio de sus zonas chinamperas, rodeadas de paisajes naturales excepcionales que, a través de los siglos, han tenido serias transformaciones que llegan a nuestros días.

A esa conclusión -preocupante ante el crecimiento de la mancha urbana- han llegado autoridades delegacionales, estudiosos y lugareños, trajineros, chinamperos, comerciantes y habitantes dedicados a la preservación y rescate de las denominadas zonas ecoturísticas.

Como lo hacen los miles de visitantes nacionales y extranjeros que llegan hasta ellas especialmente los fines de semana, los pobladores disfrutan de la emotividad y el colorido de sus costumbres, las ferias y fiestas de cada día, en escenarios de alegría y vistosidad originados en sus mercados, vestigios prehispánicos, monumentos arquitectónicos, museos y, en especial, las chinampas, terrenos de cultivo de producción intensiva, literalmente hechos a mano.

“Éstas comenzaron a construirse desde tiempos remotos en el lago de Xochimilco, cuando nuestros ancestros, indígenas agricultores, buscaron áreas lacustres pantanosas de poca profundidad”, refiere Anastasio Santana Velasco, chinampero dedicado al cultivo de legumbres que sorprenden por su humedad y frescura, abrazado a una lechuga orejona gigantesca.

Parado sobre un terreno desde el que se contemplan filas de cilantro, perejil, verdolagas, broccoli, acelgas, espinacas y lechugas en distintas variedades, don Anastasio, cultivador y vecino de las chinampas de Apanpulco, Trancatitla, Aguardientecalco y otros predios que colindan con un extraño sitio llamado las Isla de las Muñecas creado por su tío Julián, estima que las chinampas se gestaron en los siglos XIV al XVI.

La arqueóloga y guía de recorridos históricos, Teresa Herrera, explica que, por su majestuosidad, las chinampas -“milagro humano y de la naturaleza”, dice- han sido objeto de atención desde que los españoles descubrieron su existencia a su llegada en 1519 y tras la conquista de Tenochtitlan, capital del imperio azteca, en 1521.

Luis Javier Maldonado, funcionario delegacional del barrio de Santiago Tepalcatlalpan, asegura que el atractivo principal de las chinampas es la extraordinaria fertilidad del suelo que, combinado con la abundancia de agua y la mano de obra del agricultor, las convierten en un sistema de producción intensivo, único en el país.

Las condiciones técnicas que brinda una chinampa son suelos drenados, explica Santana Velasco, relación de equilibrio agua-aire, disponibilidad de nutrientes, mantos freáticos por debajo de la rizófora y agua fácilmente disponible destinada a vegetales y plantas.

Además de esas hortalizas, también se cultivan rábanos, coliflor, apio, hierbabuena, colinabo, cebollín, romero y otras de notable valor nutricional, entre otras muchas, a las que es posible llegar desde los once embarcaderos que hay en el lago, en cuyas orillas hay dalias y ahuejotes.

Consideradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por el valor excepcional de carácter universal que representan, las chinampas de Xochimilco están en la lista de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde 1987, por ser testimonio viviente del uso humano de un territorio natural, hecho y conservado con creatividad y sabiduría.

Los antepasados de Santana Velasco crearon un hábitat con cualidades notables que permitió disponer de terrenos de alta productividad agrícola, en un medio lacustre que, en la actualidad, es tierra donde se cultivan esos y otros productos que se consumen abundantemente en la capital.

Maldonado señala que el área patrimonial la conforman la zona chinampera, los ejidos, la zona del área lacustre de conservación de flora y fauna de San Gregorio Atlapulco y San Luis Tlaxialtemalco, además del Centro Histórico de Xochimilco, con el templo de San Bernardino de Siena, monumentos y mercados que tienen un rol fundamental en la interacción e intercambios religiosos, culturales y comerciales.

Sobre los antecedentes históricos de esta área verde del sur capitalino, Jorge Legorreta, cronista estudioso del pasado urbano y rural de la ciudad de México, escribió que hace cinco siglos había dos enormes lagos de 350 kilómetros cuadrados -Xochimilco y Chalco- y a sus orillas 180 kilómetros de chinampas y 750 kilómetros de canales y apantles.

A la fecha, solamente restan 25 kilómetros cuadrados de chinampas y 185 canales que deben ser rescatados, como exige reiteradamente el delegado Avelino Méndez, que son visitados y navegados por trajineras y lanchas con fines turísticos, y dragas y pangas usadas para eliminar el lirio acuático.

Más allá del pintoresquismo que solamente ve los aspectos folklóricos de una comarca aún rescatable –“the floating gardens”, dicen los folletos en inglés-, hay quienes se refieren a transformaciones preocupantes, iniciadas en el virreinato, seguidas en el gobierno de Maximiliano de Habsburgo, continuadas en 1906 bajo el porfiriato y no concluidas al iniciar el siglo XXI, como lo han referido el delegado Méndez y los pobladores empeñados en la preservación de sus aguas y tierras.

En una fase considerada como un segundo rescate -ya existió un primero, entre 1989 y 1994- a la fecha hay que enfrentar hundimientos provocados por extracción excesiva de agua, urbanizaciones ilegales en zonas chinamperas, contaminación por descargas residuales, escasez de esclusas para mantener nivel de agua en los canales, y otros problemas no resueltos.

A Xochimilco le urge impedir que la categoría de Patrimonio Cultural se pierda –“sin recursos económicos suficientes, más y mejor agua, no habrá rescate”, advierte el chinampero Anastasio Santana-, enterado de los trabajos de Jorge Legorreta, quien, de tiempo atrás, pronosticó que de no atenderse los requerimientos, antes de 2040 desaparecerá la admirable zona lacustre que los xochimilcas cuidan y quieren desde tiempos inmemoriales.


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