Cultura

Infantes escriben cartas a Los Reyes Magos en el Palacio de los Deseos

Con la palabra escrita expresan sus sentimientos, emociones, deseos y felicitaciones

Decenas de niños y niñas de la Ciudad de México y diversas provincias de la República Mexicana, de países de Centro y Sudamérica, así como de Europa, asisten este día al “Palacio de los Deseos” para escribir sus cartas dirigidas a Melchor, Gaspar y Baltazar, los tres Reyes Magos de oriente que traen regalos a quienes se han portado bien.

Se trata del hermoso edificio sede del Servicio Postal Mexicano (Palacio de Correos) que en estos días se ha convertido en el “Palacio de los Deseos”, donde especialistas enseñan a los menores como redactar una carta y como comunicar, a través de la palabra escrita, sus buenos sentimientos, mejores emociones, caros deseos, y las más sinceras felicitaciones.

Pero sobre todo, como plasmar en una hoja en blanco su alegría por la inminente llegada de los Reyes Magos. Lo mismo que la fresca mañana del 17 de febrero de 1907, cuando el presidente Porfirio Díaz inauguró el Palacio Postal, en cuya ceremonia se escuchó por primera vez el Himno Nacional Mexicano.

Para que todo salga a pedir de boca, el Servicio Postal Mexicano invita a todas las niñas y niños a escribir y enviar sus cartas a los tres Reyes Magos mediante el tradicional Taller Navideño que se toma en el Palacio Postal en el Centro Histórico, y en 186 oficinas en las principales ciudades del país. Como ayer 4, hoy 5 de enero todos los niños pueden asistir.

Desde temprano, una legión de infantes bien peinados y con sus mejores galas muestran sus mejores sonrisas al entrar al “Palacio de los Deseos” para tomar el taller y ponerse a escribir las cartas portadoras de deseos. Es una experiencia que viven junto con sus papás, mamás, y algunos otros familiares.

A través del taller gratuito, los párvulos también aprenden como rotular un sobre con el nombre del destinatario y su domicilio con la calle, número exterior e interior, colonia, código postal, ciudad y país, para que la correspondencia llegue bien a su destino, y se les orienta sobre cómo escribir los datos del remitente, o sea, de quien manda la carta.

Quienes asisten al Palacio Postal, ubicado en Tacuba 1 esquina Eje Central, se toman la foto del recuerdo con el monumental Árbol de Navidad lleno de Cajas Mágicas de regalo que tienen, igual que las cartas, un significado muy especial: La esperanza y emoción de recibir un obsequio y los deseos de un año siempre mejor y con Los tres Reyes Magos.

A unas horas de la llegada de Melchor, Gaspar y Baltazar a los hogares de cada uno de los niños y niñas que se han portado bien, el Taller Navideño es un espacio de convivencia, diversión y alegría, donde los visitantes gozan, además, de la rica arquitectura del edificio.

Familias de la Ciudad de México, Jalisco, Puebla, Oaxaca, Sinaloa, Guerrero, Tlaxcala, Colima, Morelos, San Luis Potosí y Michoacán, así como de Francia, Holanda y Estados Unidos, hicieron propicia la ocasión para elevar su voz y dejar ver la importancia de actividades como ésta, que hacen que la ilusión y la buena voluntad no se pierda entre las personas.

Tras escribirles a los Reyes Magos y depositar sus cartas en el buzón de la oficina central de Correos de México, Rubén, Silvia, Graciela, Arturo, Isabel, José y Pilar, todos ellos hermanitos que tienen su domicilio en la zona de La Merced, dijeron a Notimex que esperan que los Santos Reyes les traigan todo lo que pidieron en sus misivas.

“Nos hemos portado muy bien”, aseguró Rubén, el mayor; “Yo sólo quiero un balón de basquetbol”, agregó Silvia; “Yo unos patines”, añadió Graciela, a quien los demás le dicen Chela; “Para mí, un balón de futbol”, explicó Arturo, el más travieso; “Yo un robot”, dijo José con palabras apenas entendibles; Isabel y Pilar, muñecas con todo y su ropita.

Ellos siguen la tradición cristiana que cuenta que tres Reyes provenientes de países de Oriente, cuyos nombres eran Melchor, Gaspar y Baltazar, viajaron hasta Belén, guiados por la célebre Estrella de Belén, para conocer, adorar y entregar obsequios al Niño Jesús recién nacido. Tras largas jornadas por desiertos y valles, por fin llegaron a su objetivo.

Ante el humilde pesebre que tuvo Jesús por cuna, le ofrecieron oro (por ser hombre de carne y hueso, real, pues el oro se ofrendaba a los reyes), incienso (por su naturaleza de ser divino, y porque en esos tiempos se usaba en el culto en los altares de Dios) y mirra (un bálsamo para los muertos, presagiando así el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

Antes, en el camino, se toparon con el rey Herodes el Grande cerca de Jerusalén. Les pidió que al volver de su encomienda le informaran dónde se hallaba el Niño Jesús, para que él también fuera a adorarlo; la verdad es que Herodes tenía la intención de matarlo, por eso ordenó a su ejército matar a los niños menores de tres años (Santos Inocentes).

De acuerdo con la misma tradición, un ángel se apareció antes los tres Reyes Magos para prevenirlos de las intenciones de Herodes, por eso, inteligentemente, luego de entregar sus regalos al Niño Dios, regresaron a su lugar de origen por otra ruta, y de esa forma ya no volvieron a ver al cruel Herodes el Grande, quien sin embargo sí cometió la matanza.

Con el inexorable paso del tiempo, la tradición se mantiene vigente y millones de niños y niñas del mundo esperan con ilusión el 5 de enero para escribir a esos tres Reyes Magos. La misiva se coloca en el Nacimiento, la ventana o en un zapatito, aunque hay quien la amarra a un globo con gas helio y lo deja volar por los aires, hasta que se desaparece.


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