Cultura

Especialista del INAH profundiza sobre sacrificios en Tenochtitlan

Los análisis revelan que no todos los individuos sacrificados eran cautivos de guerra

El arqueólogo Alan Barrera Huerta realizó análisis de isotopía de estroncio a restos óseos asociados a ofrendas consagratorias de las etapas IV y VII del Templo Mayor, para profundizar en el conocimiento sobre el sacrificio humano en Tenochtitlan.

Los análisis revelan que no todos los individuos sacrificados eran cautivos de guerra, como indican las fuentes históricas, sino que vivían en la Cuenca de México, donde habían habitado por lo menos seis años, informó en un comunicado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

El especialista, reconocido con una mención honorífica en los Premios INAH 2015, en la categoría de Tesis de Licenciatura en el rubro de arqueología, desarrolló la investigación "Isotopía de estroncio aplicado a material óseo humano localizado en ofrendas del Templo Mayor de Tenochtitlan".

En dicho estudio se indica que los individuos no fueron inmolados al momento de su llegada y que eran originarios de los territorios hoy ocupados por Tula, Hidalgo; los Altos de Chiapas; los Valles Centrales de Oaxaca, la península de Yucatán y la zona norte del centro del país.

El análisis de isotopía de estroncio permite identificar el lugar de procedencia de personas migrantes a través de la huella que deja en el tejido óseo la concentración de minerales propios de su lugar de origen, entre los que se encuentra el estroncio.

De acuerdo con el arqueólogo, adscrito a la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, la composición mineralógica de los suelos pasa a los organismos vivos a través de la cadena alimenticia y es asimilada por las estructuras óseas, lo que da indicios de posibles regiones de origen, y a eso se le conoce como firma isotópica.

"Los huesos cambian su composición mineral entre seis a diez años de vivir en una determinada región y de acuerdo con la alimentación varía la firma isotópica, pero los esmaltes dentales que se forman en la vida intrauterina no se vuelven a modificar, por lo que esa huella se queda de forma permanente, aunque las personas cambien de residencia", indicó.

Los restos humanos sometidos al análisis corresponden a las ofrendas consagratorias de las etapas constructivas IV a (1440-1469 d.C.); IV b (1469-1481 d.C.) y VII (1502-1520 d.C.) del Huey Teocalli.

El especialista tomó muestras tanto de hueso como de esmalte dental de seis individuos (cuatro de la etapa constructiva IV b; uno de la IV a y uno de la etapa VII), que vivieron entre 1469 y 1521, durante los reinados de Motecuhzoma Ilhuicamina, Axayácatl y Moctecuhzoma Xocoyotzin.

Los estudios realizados en el Laboratorio de Geoquímica Isotópica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) incluyeron fragmentos del único individuo de la Ofrenda 111, cráneos efigie y máscaras de cráneo.

Los resultados del estudio al infante de la Ofrenda 111, de la etapa IV a (1440-1469 d.C.), lo ubican como un habitante de la parte norteña del centro del país (actuales estados de Querétaro, San Luis Potosí e Hidalgo).

El de la Ofrenda 64 perteneciente a la etapa VII (1502-1520 d.C.), era de un infante de entre 10 y 11 años, que procedía de los Valles Centrales de Oaxaca o de la región de la península de Yucatán.

Mientras los individuos de las ofrendas 13 y 88 de la etapa IV b (1469-1481 d.C.), eran hombres de entre 20 y 30 años, y provenían de la región cercana a Tula, Hidalgo. Los de las ofrendas 11 y 20 de la etapa IV b (1469-1481 d.C.), una mujer de entre 20 y 30 años y un joven de entre 15 y 20 años, respectivamente, cuenta con una misma firma isotópica de los Altos de Chiapas o la región de Perote, Veracruz.


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