Cultura

En Canadá el tatuaje ha dejado de ser un tabú

Algunos jóvenes cuando cumplen 18 años se tatuan como una forma de demostrar que ahora tienen dominio sobre su cuerpo

Con más de nueve años de experiencia la tatuadora mexicana “Merlina Tatoo” afirma que esta práctica ha avanzado en México, pero que todavía sigue siendo un tabú, mientras que en Canadá ha dejado de serlo.

Hace unos 15 años se pensaba que la gente que tenía tatuajes había estado en la cárcel, que no tenía estudios o era de una clase social baja, pero ahora ha cambiado esa visión, tanto para quien los tiene como para quien los hace, sostuvo Merlina en entrevista con Notimex desde su estudio en el centro de Toronto.

“He hecho tatuajes a doctores, abogados, señores de más de 60 años y cada vez es más popular, ya no está tan satanizado”, precisó Karla Landagaray, conocida como Merlina Tattoo, quien llegó a Canadá hace 12 años.

De niña le gustaba pintar y de joven tuvo la oportunidad de hacer en Cancún tatuajes temporales, pero no fue sino hasta que siendo inmigrante atravesó por una crisis emocional que la obligó a buscar una actividad que llamara su atención y en la que se sintiera que estaba creando algo.

Encontró en el tatuaje una forma de expresión artística y una manera de vivir.

“Al principio no encontraba quién me enseñara, hasta que conocí a un maestro del tatuaje que sí quiso enseñarme”, explicó la tatuadora, quien también es cofundadora de una estación de radio por internet que promueve el rock en español.

“Algunas personas que tienen algún dolor emocional vienen a hacerse un tattoo para cambiar ese dolor emocional por un dolor físico, es como un escape. Esta gente usa el tatuaje para cicatrizar heridas emocionales, como la muerte de un familiar o amigo”.

Desde el establecimiento New Age Tattoo, en el cual tiene su estudio, atiende a sus diversos clientes, jóvenes de diversidad sexual, señoras u hombres que van en la segunda vuelta de la juventud adulta.

Algunos jóvenes cuando cumplen 18 años, que es la edad mínima para tatuarse, vienen a tatuarse como una forma de demostrar que ahora tienen dominio sobre su cuerpo, señaló.

“Unos jóvenes se ponen algún motivo familiar para que no sea tan fuerte el regaño que van a tener por habérselo hecho”, recordó.

Merlina afirmó que el tatuaje en Canadá es como un estilo de vida: hay gente que tiene 20 años y ya tiene la mitad de su cuerpo tatuado; también se están haciendo tattoos en la cara.

“Hay mujeres de 50 que vienen después de una separación a hacerse motivos de libertad, como alas y mariposas. La gente se hace temas religiosos, otros prefieren las calaveras, también letras, nombres, flores y retratos de algún familiar”.

Interrogada sobre los tatuajes que ha rechazado hacer, Merlina comentó que se ha negado a hacer tatuajes racistas (símbolos) o los que quieren que cubra otro tatuaje.

El pequeño estudio de Merlina está rodeado de sus dibujos, rostros de mujer, mariposas, árboles, etcétera.

“Tengo mi propio estilo, es algo que lleva tiempo pero lo he definido. Mis diseños son con trazos más suaves, sombras delicadas, blanco y negro, temas realistas combinado con algo abstracto”, definió.

Merlina destacó que en esta práctica “uno establece una comunicación muy íntima con el cliente al preguntarle qué es lo que se quiere tatuar y por qué. Debe haber una relación de confianza para saber qué quiere la persona y que ésta confíe que harás un buen dibujo en su cuerpo”.

“Hay que hacerles preguntas para conocer qué es lo que quieren exhibir o cicatrizar en su cuerpo”.

“Las sesiones son como un confesionario o hasta terapia psicológica. Cuando el cliente regresa a otro tattoo te sigue contando de su vida, porque uno es como neutral y eso le da confianza”.

Merlina, quien cuenta con una licencia para practicar esta actividad, hace un promedio de dos tatuajes al día durante el invierno y como seis al día en verano si son pequeños. El costo mínimo de un tattoo pequeño es de 60 dólares (753 pesos).

Se define como artista autodidacta que ha tomado cursos en México, Buenos Aires, Holanda y Canadá.

“El tattoo es un desahogo de la persona y también de quien se lo hace, porque yo por ejemplo trato de dejar algo de mí en el diseño que llevará permanentemente la persona. Valoro mucho que confíen en mí para dejarme hacer algo así”.

Sostuvo que el tatto es una forma de arte y lo mejor es hacerse algo original.

Para Merlina esta actividad tan recurrente en Canadá es una forma de arte, le da para vivir y le permite viajar.

“La gente que ya confía en mí me permite hacer trazos libres sin modelo previo y ha habido personas que me abrazan de la emoción al ver el tatuaje terminado”.


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