Cultura

Una libélula dirige la Orquesta del Teatro Mariinsky en Bellas Artes

En el primero de dos conciertos brilla la batuta de Elim Chan

La diminuta, fina, delicada y sutil figura de Elim Chan (Hong Kong) contrastó con la portentosa fuerza y refinada desenvoltura interpretativa en materia de dirección orquestal al frente de la Orquesta del Teatro Mariinsky, anoche en el Palacio de Bellas Artes, en el primero de dos conciertos programados en este recinto.

Como la libélula que agita emocionada sus alas en gozoso viaje al viento, la joven de escasos 28 años de edad, Elim Chan elevó una y mil veces los brazos para dirigir con aplomo y maestría a esa orquesta cuya historia se remonta a los albores del Siglo XVIII en Rusia; eso la hace uno de los ensambles musicales más antiguos de esa tierra situada en Europa.

Con la sala principal casi a su máximo aforo, la Orquesta del Teatro Mariinsky inició su concierto inicial con la “Obertura festiva, op. 96”, de Dmitri Shostakovich (1909-1975).

Al respecto, cabe subrayar que en los años siguientes a la II Guerra Mundial (1939-1945), la censura intelectual, cultural y artística se agudizó en la Unión Soviética, como método de control.

Los compositores no fueron ajenos a esa medida y varios importantes músicos sufrieron el constante hostigamiento de Stalin.

En el ojo de esas censuras cayeron autores como Jachaturian, Prokofiev, Miaskovski y Dmitri Shostakovich. Conocida es la suerte que este compositor sufrió a manos de las autoridades soviéticas por causa de su música.

Esta obertura festiva de Dmitri Shostakovich fue compuesta en 1954 para celebrar el 37 aniversario de la Revolución de Octubre, al final de un periodo en el que las numerosas purgas estéticas habían sido cosa de todos los días en la región entonces conocida como la Unión Soviética. Con el paso del tiempo esta obra ha trascendido y encontrado su sitio.

Luego vino “Rapsodia sobre un tema de Paganini op. 43”, de Sergei Rajmaninov (1873-1943) y al respecto, se debe anotar que de 1801 a 1807, el violinista y compositor Nicoló Paganini (Italia, 1782-1840) compuso sus 24 caprichos para violín solo, op. 1, que son sin duda la obra más significativa de su catálogo, admirado en todas las latitudes del planeta.

La gran inventiva de los caprichos llamó la atención de otros varios compositores quienes escribieron algunas obras basadas en las melodías originales de Paganini. Shostakovich no fue la excepción y en 1934 escribió su popular “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, basado siempre en el último de los 24 caprichos originales del famoso violinista genovés.

El concierto de anoche cerró con “Sinfonía núm. 2 en re menor op.27”, del mismo Sergei Rajmaninov, quien en 1906 estaba bien establecido en la ciudad alemana de Dresde. El compositor había huido de Rusia, pero no del fracaso sino del éxito; su fama de pianista lo había puesto en un sitio tan alto que carecía de la calma necesaria para poder componer.

Así, sin la presión de sus legiones de admiradores, en esa ciudad pudo dedicarse a su obra como compositor. De su estancia en Dresde datan su “Segunda sinfonía”, se “Sonata para piano en re menor”, el poema sinfónico “La isla de los muertos”, y su “Tercer concierto para piano. La composición de la “Segunda sinfonía” la comenzó en octubre de 1906.

Elim Chan dirigirá nuevamente a la orquesta esta noche en el mismo recinto, con la obertura “La gran pascua rusa op. 36”, de Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908), el “Concierto para piano núm. 2 en do menor op. 18”, de Rajmaninov, y la “Sinfonía núm. 5 en re menor op. 47”, de Shostakovich. Ayer y hoy, al piano, el maestro Behzod Abduriamov.

Finalmente, anoche trascendió que además de esos dos conciertos, la Orquesta del Teatro Mariinsky tendrá mañana una tercera presentación en el Palacio de Bellas Artes, y en el Auditorio Nacional el 4 de marzo, pero bajo la experimentada batuta de Valeri Gergiev, uno de los más importantes directores orquestales de Europa, según la crítica especializada.


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