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Salvador Dalí: “Si muero, no moriré del todo”

Excéntrico, melómano, extravagante, egocéntrico, rebelde; así era Salvador Dalí

El 11 de mayo de 1904, Figueras, España, vio nacer a uno de los principales exponentes del surrealismo: Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, conocido como Salvador Dalí.

Desde corta edad Salvador se enfrento a situaciones extrañas que marcaron su personalidad. Compartió nombre con su hermano, quien murió nueve meses antes del nacimiento de Salvador. A la edad de cinco años sus padres lo llevaron a visitar la tumba de su hermano.

Dalí se convenció de que era la reencarnación de su hermano y afirmaba: “Yo nací doble, con un hermano de más, que tuve que matar para ocupar mi propio lugar, para obtener mi propio derecho a la muerte...”.

En 1922 ingresó a la Residencia de Estudiantes de Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Experimentó con el cubismo y el dadaísmo, convivió con artistas como Federico García Lorca y Luis Buñuel.

El narcicismo del artista le costó la expulsión de la Real Academia en 1926, en el periodo de exámenes finales, afirmó que no había nadie en condición de evaluarlo.

Se estableció en Montparnasse, París, en 1929 tras unirse al grupo de los surrealistas, donde resultó una pieza clave para el desarrollo de esa vanguardia.

Sus obras están llenas de imaginación, sueños, símbolos oníricos e inconsciente, en algunas ocasiones se le cuestionó el significado de las mismas, a lo que respondió: “Que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga”.

El español no sólo fue pintor, también fue escenógrafo, grabador, escultor, fotógrafo y escritor. Entre sus obras destacan la escultura del Rinoceronte vestido con puntillas en 1956 y La persistencia de la memoria.

Por Ailyn Ríos


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