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Las muñecas otomís que llenaron de alegría a todo un pueblo

Desde San Ildefonso Tultepec, un pequeño poblado de Querétaro, en el centro de la República Mexicana, se dio a conocer la imagen de la mujer otomí al mundo, con unas muñecas de tela que han llegado a las manos de muchas niñas en países tan lejanos como Turquía.

Desde San Ildefonso Tultepec, un pequeño poblado de Querétaro, en el centro de la República Mexicana, se dio a conocer la imagen de la mujer otomí al mundo, con unas muñecas de tela que han llegado a las manos de muchas niñas en países tan lejanos como Turquía.

Este pueblo ubicado al sur de la entidad, acostumbrado a que las manos de las mujeres indígenas labren la tierra, es el hogar de Genoveva Pérez Pascual y sus hermanas.

Vestidas con faldas multicolores y blusas con bordados, la vestimenta típica de la mujer otomí, señalan que es una herencia de sus abuelas y madres, quienes confeccionaban muñecas muy sencillas para que sus hijas tuvieran alguna diversión, pero que ahora llenan de alegría y esperanza a las mujeres del pueblo.

Porque ese tiempo de trabajar el campo quedó atrás para Genoveva Pérez Pascual, quien junto con otras mujeres de la comunidad comenzaron a perfeccionar las sencillas muñecas con ayuda de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Sin dejar de mover diestramente la aguja con la que zurce la cara de sus muñecas, Pérez Pascual recuerda que fueron muchas las dificultades que tuvieron que superar para lograrlo.

“Antes me dedicaba al campo y ahora pues estoy mejor porque ya no estoy cargando con el sol, con el frío”, en esta vasta extensión de terreno donde aunque el sol cae a plomo se siente un viento frió que cala aún más en la sombra.

Además, cuando salían para comercializarlas, “en la calle no las vendíamos ni a 15 pesos y era triste porque ni para comer”; recuerda sentada en una orilla de su taller de dos pisos, construido con el ingreso de la venta de las muñecas.

Además, a la rudeza del campo y la falta de ingresos, se sumaron las costumbres de su comunidad, por las que estas mujeres trabajadoras tuvieron que soportar murmuraciones y señalamientos.

“Al principio nos veían mal a nosotras; porque antes era mal visto que una mujer platicará con otras personas que no son de nuestra comunidad; y cómo nos íbamos a las exposiciones a Amealco, a México, ellos pensaban cosas diferentes”.

Sin rendirse, el grupo de mujeres logró conformar la sociedad “Casa de Madera”, a la que, de acuerdo con información de la CDI, se le dio un apoyo inicial de 80 mil pesos para materiales y equipo de trabajo y desde entonces siguió el respaldo.

Esto les permitió no sólo mejorar sus muñecas, que como dice Genoveva Pérez, antes “la tela la hacíamos cómo una tortilla enrollada, las manos, el cuerpo”, sino también revalorar y reconocer la riqueza de su cultura indígena.

Orgullosas de lucir su tradicional vestimenta, describe el sentido del multicolor, “andamos bien coloridas, porque aquí entre mas colorida es una mujer más bonita es una; bueno aquí es la costumbre así.”

La hermana de Genoveva, María de los Ángeles Pérez Pascual, apunta que desde 2005 la CDI “nos han apoyado con muchas capacitaciones de género, de derechos a los indígenas, hemos ido a varias capacitaciones al estado”.

“Nos han enseñado en las capacitaciones como administrar nuestro material, el dinero que se gana de las ventas de las muñecas o de los productos que hacemos, invertirle y también ocuparlo para nuestra familia y para nuestro hogar”, añadió.

"Y yo digo: me ha dado muchas oportunidades para mi gente de aquí, porque de aquí (de lo que se gana con la venta de las muñecas) se les paga a todas las señoras que hacen bordados, y también para mi familia y sus familias de ellas, tienen para que coman, para que vayan a la escuela, para la salud”, complementa Genoveva.

Por lo que ahora no tienen más tiempo que para sus muñecas, se levantan y acuestan diariamente cosiendo para cumplir con sus pedidos y venderlas a 295 pesos y aún más dependiendo de los bordados, cuando “antes una muñeca de 15 pesos no se vendía”, recuerda.

Por eso, “nuestras muñecas salen bien contentas, porque pues todo el día estamos aquí risa y risa, porque si nosotras hiciéramos nuestro trabajo enojadas entonces también se refleja, entonces nuestras muñecas salen cómo estamos nosotras”.

Pero no sólo elaboran muñecas sino que tienen una amplia oferta de productos como fundas para cojines, monederos y trajes típicos, entre otras creaciones.

“También hacemos en telar de cintura, tejidos” que utilizan para las fajas y otras prendas, así como bordados que van de los más sencillos en estambre hasta creaciones en lino, apunta otra de las hermanas, Juana Pérez Pascual.

“También tenemos en algodón para guayaberas; los bordados tienen una extensión de un metro sesenta y todo el trabajo es a mano”, señala al tiempo que un bordado, dependiendo de su dificultad, puede tardar en hacerse desde tres días hasta seis meses.

Así, luego de mostrar sus muñecas en lugares tan lejanos como Milán, Italia y Estambul, Turquía, además de haberlas vendido en Estados Unidos, Genoveva Pérez Pascual, dice haber sentido coraje al escuchar que “los mexicanos hacemos las cosas al ahí se va".

“Dijimos: óno! Nosotros también podemos hacer las cosas bien y sí las hacemos también, si las queremos hacer; nadie va a venir a hacer las cosas si nosotros no lo hacemos”, finalizó al tiempo que acomoda la muñeca junto con otras más de distintos colores que serán la alegría de quien las compre.


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