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La cámara analógica, un objeto obsoleto que se repara por nostalgia

Hace 22 años, el ingeniero Gabriel Orizaga inició su carrera profesional como reparador de cámaras analógicas

Hace 22 años, el ingeniero Gabriel Orizaga inició su carrera profesional como reparador de cámaras analógicas y había que entregar resultados lo más pronto posible, pues significaba la herramienta de trabajo de muchos expertos en el arte de la fotografía.

En la actualidad, sus clientes le dicen que no importa el tiempo que se tarde ni en dónde tenga que hallar las piezas faltantes, mientras logre arreglar aquella cámara vieja del abuelo que, ante el avance de la tecnología, prácticamente ya es obsoleta.

Las cámaras analógicas son pequeñas joyas atemporales que después de 50 años de fabricación o más, siguen funcionando. Contienen miles de historias, de momentos y anécdotas captadas, pero cada vez son menos las personas que se proponen repararlas y quienes lo hacen, es meramente conquistados por la nostalgia.

“Me han traído a componer hasta las cámaras del tatarabuelo. Me dicen que sólo por recuerdo quieren que funcione aunque se les advierte que conseguir los rollos es muy difícil y ya teniéndolos, es complicado hallar el laboratorio que los revele”, platicó Orizaga en entrevista con Notimex.

Las refacciones prácticamente ya no están a la venta y para obtenerlas, si son muy sofisticadas o de circuitos especiales, se mandan a pedir a una compañía de Estados Unidos o se recurre a un especialista que las fabrica a través de un torno pequeño.

“Por lo regular, se requiere de palancas o engranes. El obturador necesita de más dedicación. Podría decirse que es como el motor de un coche, es el que mide los disparos y cuando está por vencer, lo más recomendable es cambiarlo”.

La reparación es cara debido a que los materiales que se manejaban en el pasado eran más resistentes y las cortinas eran de una tela de mayor durabilidad.

Gabriel Orizaga estudió la carrera de Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones. Su primer empleo fue en Canon de México. En aquel tiempo, se convirtió en el primer ingeniero al que contrató la empresa, pues siempre se había puesto interés en los técnicos en electrónica.

“Pero debido a que ya cambiaban algunos aspectos de las cámaras, requerían de alguien con más preparación, pues comenzaron a salir las primeras EOS con partes muy mecánicas, pero también con algunas cosas eléctricas”, explicó.

Las primeras que reparó fueron las Canon AE-1 que tenían un circuito principal que controlaba a luz, la velocidad y el obturador. Aunque todavía eran mecánicas, ya se manejaban potenciómetros eléctricos para la velocidad.

El especialista debía tener mucha paciencia al iniciar su arreglo, ya que eran decenas de piezas miniatura que debían desarmarse y luego armarse.

La herramienta que utiliza para trabajar consta básicamente de diversas pinzas de relojero y unos buenos lentes para vista cansada, lupa o lentes de cámaras viejas que tengan aumento. Es un trabajo artesanal que le exige estar encorvado la mayor parte del tiempo.

“En las noches termino molido porque mi actividad es muy sedentaria. Hay que estar sentado todo el día y a veces sin mucho movimiento como cuando se colocan resortes milimétricos que requieren de mucho ajuste”, señaló.

Reparar una cámara le puede tomar de ocho o hasta 12 horas continuas y si se dedica a hacer cuentas, en 22 años de carrera por sus manos han pasado más de 19 mil aparatos que volvieron a funcionar.

Recordó que antes era todo un arte tomar cada fotografía, pues el maestro tenía que imaginarse cómo debía salir. Había que controlar la luz a través de la velocidad, el diafragma y el ISO para después, ya en el revelado del rollo, observar si había funcionado.

“Ahora, la pantalla LCD te lo dice todo y tienes la oportunidad de repetir cuantas veces sea necesario hasta que te guste y sin preocuparte en gastar rollos”, indicó.

La cámara analógica, de rollo o de carrete posee un diafragma, obturador, lentes, sistema de enfoque y zoom. En tanto, la digital prescinde de la tradicional película de fotos, ocupa una tarjeta de memoria y un sensor de imagen.

La imagen que se capta, está unida a la tecnología informática, de modo que su tratamiento y retoque es a través de la computadora. La foto digital consta de un monitor LCD con muchas funciones y el

revelado ya no se efectúa en un cuarto oscuro.

Gabriel Orizaga labora desde hace 12 años en Fotomecánica Jerónimo Bolaños, donde se vende y repara equipo fotográfico y de video profesional y aficionado. Conoce una cámara al cien por ciento, desde un tornillo hasta un circuito, pero admite que no obstante las más de dos décadas que respaldan su experiencia, él no es fotógrafo.

“Ese ya es otro tema y otro estudio”, aseguró al tiempo de analizar que su oficio seguirá adaptándose a los cambios tecnológicos, pues en el futuro él dejará de arreglar las cámaras analógicas para reparar lo nuevo que domine en el mercado fotográfico.

“Ayer fue novedad cuando alguien traía una cámara en sus manos, hoy en día casi todos poseen una en el bolsillo del pantalón mediante su teléfono celular. Con ella toman y toman fotos aunque la calidad de su imagen es mala, pues al momento de imprimirla sale borrosa o movida debido a que el sensor que trae es muy pequeño.

“Pero esto no le importa a la gente, porque ya no buscan la eficacia fotográfica, sólo quieren que su recuerdo quede plasmado y a nosotros no nos queda de otra que seguir adaptándonos a ese cruel pero interesante paso del tiempo”, concluyó.


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