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Ñandutí, encaje paraguayo creado con pulso y paciencia

Con finos y almidonados hilos de colores que se entrelazan entre sí, el encaje paraguayo conocido como ñandutí retoma la técnica delicada y pasiva con que una araña teje su nido, para crear hermosos motivos de animales y figuras geométricas que adornarán artesanías y vestuarios locales.

Con finos y almidonados hilos de colores que se entrelazan entre sí, el encaje paraguayo conocido como ñandutí retoma la técnica delicada y pasiva con que una araña teje su nido, para crear hermosos motivos de animales y figuras geométricas que adornarán artesanías y vestuarios locales.

La paciencia, la creatividad y el pulso se ponen a prueba en cada milimétrico movimiento que la artesana Catalina realiza con la aguja, la cual poco a poco comienza a dar forma a una carpetita de mesa con forma ovalada que llevará consigo flores tejidas en colores amarillos, rosa mexicano y verde olivo.

Así como las arañas tejen la fina trampa de hilos blancos y suaves que les ayudará a capturar a sus presas, los artesanos de ñandutí, palabra en lengua guaraní que significa “tela de araña”, recrean la fuerza y belleza de esta obra de la naturaleza, en carpetas, manteles, floreros, portarretratos, blusas y sombreros.

Sentada y concentrada en el stand artesanal de la delegación paraguaya que se presentó hace unas semanas en la Folkloriada Mundial en Zacatecas, Catalina menciona que la elaboración de este encaje “necesita mucha creatividad y paciencia porque para elaborar una blusa son casi tres meses y para hacer una carpeta pequeña, una semana”.

La alegría de Paraguay, al igual que la de México, se ve reflejada en los llamativos colores de sus tejidos y el ñandutí no es la excepción, ya que desde un traje típico hasta una pequeña flor poseen la vida que le da el azul de la bandera y el naranja de los atardeceres guaraníes.

De acuerdo con la tesis de la Universidad de Palermo titulada “Identidad ñandutí: el ñandutí como artístico popular en el diseño de autor”, de Valeria Olga Romero, el encaje paraguayo tiene sus orígenes durante el siglo XV cuando mujeres españolas enseñan a las guaraníes el tejido de Tenerife, el cual ellas toman y desarrollan.

Actualmente los pueblos de Itaguá, Guarambaré, Carapeguá y Pirayú son algunos de los lugares donde más se trabaja este tejido.

Con una voz suave y llena de sabiduría, Catalina detalla el proceso para elaborar una carpetita de mesa, artesanía que más le gusta realizar.

“Tejemos sobre una tela blanca guiándonos en un círculo trazado con pluma, el cual asemeja a una telaraña, y con paciencia, cosemos en urdimbre y después vamos entrelazando los hilos para formar el tejido”, comenta.

Según datos de la tesis antes mencionada, el tejido de ñandutí consiste en el cruce del urdimbre (el conjunto de hilos que se colocan paralelamente unos a otros para formar una tela) con los hilos que se estén utilizando para crear la silueta o forma que se quiera tejer, pasando estos últimos por arriba y por debajo del urdimbre.

En cuanto a las formas que este tejido puede contener, las coloridas piezas que Catalina tiene sobre su mesa nos dan un ejemplo “para hacer los bichitos y animalitos; se inspira uno en libros y una vez que encontramos el que queremos realizar, se traza y se dibuja en el círculo y nos vamos guiando en su forma para bordarlo”.

Cuando concluye el tejido sobre la tela, actividad que dependiendo del objeto que se trate, puede variar de dos semanas a ocho meses, Catalina explica que la creación se somete a una última fileteada y a un proceso de almidonado en aerosol, el cual le dará la firmeza que caracteriza a estas artesanías.

“Una vez terminado todo esto, se corta la tela que sirvió de soporte, para que sólo queden los hilos y entonces sí, ya podemos vender nuestra creación”, señala.

Bordadora desde hace cuatro años, Catalina explica que el trabajo que más orgullo le ha dado ha sido una bandera de Paraguay de metro y medio de longitud, que elaboró hace unos meses y que obsequió a su municipio como agradecimiento por ser el lugar donde aprendió a tejer.

“Mi primer trabajo que me enorgullece es una bandera que me llevó tres meses y que hice para mi pueblo Minga Guazú en Alto Paraná con los colores azul, rojo y blanco”, apunta.

Con conjuntos coloridos de falda y blusa, las bailarinas de la delegación paraguaya que se presentó en la Folkloriada Mundial, lucieron radiantes con sus trajes típicos bordados en ñandutí, los cuales, señala Catalina, tuvieron un proceso de elaboración de siete meses y su costo en pesos mexicanos haciende a más de 30 mil pesos.

“El traje de las bailarinas se tarda de seis a siete meses, el batidor tiene que ser más grande y cuando termina se van uniendo los pedazos. La falda ya no la hago mucho porque me lleva mucho la vista y la habilidad en la mano cansa mucho, pero las blusas sí, porque es lo que se usa más en Paraguay”, destaca la artesana.

Explica que aunque ya no es muy común que las mujeres guaraníes utilicen esta vestimenta típica en su vida diaria, sí la siguen utilizando cuando son las fiestas de los pueblos.

“El ñandutí hoy en día es muy valorado en mi país porque hubo un tiempo en que no se apreciaba mucho pero ahora sí y además, este tipo de encaje que es símbolo de Paraguay, ahora también es reconocido en el mundo por su belleza tan fina y única”, detalla.


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