Cultura

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Charles Baudelaire, el escritor maldito

Recordemos juntos a este querido ensayista francés el día de hoy en su aniversario luctuoso

Fue un poeta y ensayista francés del siglo XIX considerado el mayor exponente del simbolismo en su país, y el primero en usar y acuñar el término “modernidad” para poesía en sus escritos.

Entre sus principales influencias se encuentra el escritor estadounidense del gótico y de terror, Edgar Allan Poe

Gracias al impacto que éste y otros literatos tuvieron en su perspectiva, y la vida bohemia que le caracterizaban, fue que el poeta francés Paul Verlaine lo incluyó en la lista de los poetas malditos.

Hoy en su aniversario luctuoso, recordamos a éste sombrío y bohemio escritor con el siguiente poema, donde nos regala una perspectiva diferente a la que conocíamos sobre algunos artistas históricos (poema tomado de su libro “Las Flores del Mal”):

Los Faros

Rubens, río de olvido, jardín de la pereza, Almohada de carne fresca donde no se puede amar, Pero donde la vida afluye y se agita sin cesar, Como el aire en el cielo y la mar en el mar;

Leonardo da Vinci, espejo profundo y sombrío, Donde los ángeles encantadores, con dulce sonrisa Toda llena de misterio, aparecen en la sombra De los ventisqueros y los pinos que cierran su paisaje;

Rembrandt, triste hospital lleno de murmullos, Y por un gran crucifijo decorado solamente, Donde la plegaria llorosa se exhala de las inmundicias, Y de un rayo invernal atravesado bruscamente;

Miguel Ángel, lugar impreciso do vénse los Hércules Mezclarse a los Cristos, y elevarse muy erguidos Fantasmas pujantes que en los crepúsculos Desgarran su sudario estirando sus dedos;

Cóleras de boxeador, impudicias de fauno, Tú que supiste recoger la belleza de los granujas, Gran corazón henchido de orgullo, hombre débil y amarillo, Puget, melancólico emperador de los forzados;

Watteau, este carnaval en el que no pocos corazones ilustres, Como mariposas, flotan relucientes, Decoraciones frescas y leves iluminadas por lámparas Que vierten la locura en este baile vertiginoso;

Goya, pesadilla llena de cosas desconocidas, Fetos que se hacen cocer en medio de los sabats, Viejas ante el espejo y niñas todas desnudas, Para tentar los demonios ajustando bien sus medias;

Delacroix, lago de sangre obsedido por malvados ángeles, Sombreado por un bosque de pinos siempre verde, Donde, bajo un cielo triste, fanfarrias extrañas Pasan, cual un suspiro ahogado de Weber;

¡Estas maldiciones, estas blasfemias, estos lamentos, Estos éxtasis, estos gritos, estos llantos, estos Te Deum, Son un eco repetido por mil laberintos; Es para los corazones mortales un divino opio!

Es un grito repetido por mil centinelas, ¡Una orden transmitida por mil portavoces. Es un faro encendido sobre mil ciudadelas, Un clamor de cazadores perdidos en los inmensos bosques!

¡Porque verdaderamente, Señor, el mejor testimonio Que podencos dar de nuestra dignidad Es este ardiente sollozo que rueda de edad en edad Y viene a morir al borde de vuestra eternidad!


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