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Coloquio celebra 100 años de la escritora mexicana Elena Garro

A 100 años de nacida, Elena Garro (1916-1998) es más que importante, es por sí sola todo un género literario, aseguró la escritora Elena Poniatowska (1932) durante el coloquio “El tiempo de la dicha

A 100 años de nacida, Elena Garro (1916-1998) es más que importante, es por sí sola todo un género literario, aseguró la escritora Elena Poniatowska (1932) durante el coloquio “El tiempo de la dicha: La lectura de Elena Garro”, celebrado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

En el acto, con el cual se conmemoró el centenario del natalicio de la escritora, poeta, periodista y dramaturga mexicana, la Premio Cervantes de Literatura 2013, elogió y enalteció la figura de quien calificó como “un personaje con gran capacidad de heroísmo”.

Durante su intervención, Poniatowska recordó haber conocido a Garro como una “droga, con necesidad y angustia” y señaló que los días tendrían sentido, si “ella aparecía si me dirigía una palabra, una mirada, con su voz casi inaudible, porque hablaba en voz baja”.

“La conocí a ella y a Octavio Paz en su departamento, en la calle de Nuevo León, en 1954; su hija Elena, la chata, era una alumna destacada del Liceo Franco Mexicano y daba 10 en literatura y tuvimos largos de años de amistad hasta 1968. Y a raíz del 68, Elena y yo, ya no estábamos del mismo lado.

“A su regreso a México, tras varios años del exilio, Helena Paz me pasó a su madre por teléfono, era apenas el hilo de una voz, tal vez una prueba de que Elena ponía al poder hipnótico de sus palabras, al poder de seducción y sólo me contó que ya no reconocía México, y que en Cuernavaca, en casa de su hermana Estrella se le perdió un gato. Es que somos muy pobres, como en un cuento de Juan Rulfo”, dijo Poniatowska.

La autora de obras como “Hasta no verte Jesús mío”, confesó quedarse con la Garro de su juventud: gallarda, avasalladora, que lucía con sólo hacer su entrada; al tiempo que la recordó como la gran escritora mexicana, comparada con el Juan Rulfo Femenino, “la que todo lo ‘poetisa y transforma.

Enseguida, Poniatowska mencionó algunas obras de Garro, como “Recuerdos del Porvenir”, donde, recordó, “revela hasta qué grado la autora está ligada a los campesinos y Revolución Mexicana”.

“Ahí se muestra a una Elena Garro desconocida, no a la que discutía desde la mañana y hasta la noche sentada en la alfombra de su casa, sino una Elena que salía del campo, amaba el animalero de plantas y árboles, hombres, mujeres y niños, y quería describir hasta las hojas de los árboles.

“Una Elena llena de Sol y Luna, que supo hablar del calor de Iguala con palabras embrujadoras y que el dieron un sabor nuevo a la literatura”, comentó.

También la recordó como una “partícula revoltosa que hechizó, pulverizó y domesticó a muchos enamorados, y si hubiesen sido gatos, estarían vivos para hablarnos a maullidos del sortilegio que ejerció sobre ellos”.

En el coloquio, organizado por la asociación de académicos y estudiosos UC-Mexicanistas, estuvieron Sandra Lorenzano, Sara Poot Herrera y Sara Sefchovich, así como Luz Elena Gutiérrez de Velasco, quienes abordaron desde diferentes ángulos el legado literario de la homenajeada.

Luz Elena Gutiérrez de Velasco recordó a Garro como una autora magnifica, de quien luego de haber sido ganadora del Premio Xavier Villaurrutia en 1963, “esperaríamos más y más”, y agregó que la aparición de cada libro, cuento o novela, era un acontecimiento.

Hizo énfasis en su novela “Los Recuerdos del Porvenir” y aseguró que se trata de un texto con asombros y azores y agregó que “algunos críticos deseaban que Garro hubiese escritos libros como eso en toda su vida literaria”.

La escritora dejó en claro que la escritura de Elena Garro se desplegó a lo largo de su vida, “abrió el baúl, aunque la tentación incendiaria y destructora siempre estaba contra la marginalización de sus testimonios”.

En su opinión, Garro representa la fuerte transición entre dos monumentos: en el que se ha convertido Rosario Castellanos, como pionera, como madre de las letras escritas por las mujeres en México, y por otro lodo, como una decisiva pieza de resistencia de nuestra literatura testimonial.

La doctora en Historia consideró que “sin Elena Garro, nuestra literatura tendría otros sabores”.

Por su parte, la también escritora Sara Poot Herrera habló de Garro como un personaje polémico, lleno de acusaciones, pero que “fue marcando el rastro de su obra de manera imprescindible en el canon de la literatura mexicana” y consideró que Elena Garro, es una escritora que merece más que un homenaje de 100 años.


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