Cultura

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Rehiletes, una tradición que se parece a la vida

Entre abril y mayo, Óscar Flores Maya, su esposa, y sus dos hijas, comienzan a elaborar los rehiletes que se venden en muchos puestos de la ciudad de México durante septiembre, el mes patrio. Es un negocio que le da ingresos extra a su familia.

Entre abril y mayo, Óscar Flores Maya, su esposa, y sus dos hijas, comienzan a elaborar los rehiletes que se venden en muchos puestos de la ciudad de México durante septiembre, el mes patrio. Es un negocio que le da ingresos extra a su familia.

Los compradores adquieren la mercancía desde julio, aseguró, por eso su trabajo se concentra los meses previos. El resto del año, Flores Maya hace rehiletes sobre pedido para empresas, gobiernos y partidos políticos, es fotógrafo de eventos sociales y saca fotocopias en su hogar, conocido como “La Casa de los Rehiletes”, en la colonia San Miguel Chapultepec, pues esos juguetes -que parecen flores girando los pétalos según la voluntad del viento- adornan la fachada.

Óscar llegó a vivir ahí desde los cinco años de edad -ahora tiene 58- y desde entonces le fascinaban los rehiletes porque eran los juguetes a los que tenía acceso, los miraba durante los paseos en el Bosque de Chapultepec, a unas cinco cuadras de su casa, “me traen muchos cuerdos de la infancia”, aseguró.

“Lo que me gusta más es el movimiento que hace, el giro, porque la vida es así, siempre estamos girando de alguna manera u otra. También que lo mueva el viento, el aire, porque el aire es vida, porque el aire es lo que respiramos”, dijo.

Según relata, el primer rehilete que fabricó fue un regalo para su hija, dibujó el patrón en una hoja de papel que cortó con tijeras.

Ahora el material que utiliza es el polipropileno, aunque también ha construido grandes rehiletes de cartón o metal, como el que se encuentra en el Museo del Niño en Morelos. Para cortar ya no utiliza tijeras sino suajes, que son moldes con navajas.

“No podemos hacerlo con tijera, pues se trata que las 100, 200 o 300 piezas que nos encargan tengan las mismas medidas”.

Después de marcar las láminas de polipropileno, los cuatro miembros de la familia colaboran en desprender las piezas, si el pedido es muy grande, otros familiares les ayudan. Óscar dobla el material en forma de flor y lo ensambla en una varita de madera con ayuda de una prensa conocida como “chango”.

“Al principio comercializamos algunos rehiletes que no eran del país -reconoce- los rehiletes chinos son mucho más baratos, pero los hechos en México son de mejor calidad”, señaló con orgullo.

A pesar de que hoy en día, la gente juega más con tabletas electrónicas y otros aparatos, el rehilete –con más de cuatro siglos de tradición en México- se sigue disfrutando por su sencillez y colorido, incluso Óscar confía en que un nuevo auge de esta artesanía está por llegar.

“Como todo lo que se hace en la vida, para hacer rehiletes hay que tener paciencia, tolerancia y gusto”, concluyó.


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