Cultura

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Mustang, un automóvil de colección

Alejandro Moreno posee la primera galería de carros deportivos de la capital

“Me dediqué a este negocio desde 1964, primero arreglando automóviles convencionales a partir de los 18 años, y percatándome de que no existía la carrera de ingeniero mecánico automotriz en México, al paso de los años entré de lleno a ser un experto en los Mustang que, justificadamente, yo llamo el auto de los vencedores”.

Así habla Alejandro Moreno Avellana, convertido en mecánico empírico y empresario al abrir un negocio en 1970, entonces dedicado, primero y exclusivamente, a la reconstrucción de autos Mercedes Benz.

Eran modelos de importación carísimos: “Solamente existían los modelos 1959 a 1963, cuando el presidente Adolfo López Mateos –propietario de un deportivo 220 SL- autorizó su entrada a México. Ésta se suspendió, y me hice el propósito de arreglar ésos y los importados, que eran pocos, entre ellos los convertibles, todos en manos de personas riquísimas, con alto poder adquisitivo”.

Así transcurrieron casi dos décadas, tiempo en que Moreno importó piezas automotrices de la marca alemana; pero al firmarse el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá se interesó y apasionó por los Mustang, que habían aparecido en México en 1965, un año después de ser inventados en Dearborn, Michigan, por el ex piloto de carreras Carroll Shelby.

“Ahí encontré una oportunidad excelente, y fue en 1990 cuando la empresa dejó atrás los Mercedes Benz para dedicarse enteramente a los Mustang clásicos, cuya fabricación fue suspendida en 1973 debido a la crisis petrolera internacional, dado que un automóvil de ese tipo siempre ha rendido únicamente de cuatro a cinco kilómetros por litro de gasolina”.

El TLC permitió a Moreno adquirir piezas fabricadas de Estados Unidos, pues de otra manera hubiera sido imposible seguir adelante. “Un Hard Top 1965 –refiere- valía poquísimo, tal vez 20 mil pesos de entonces; pero la situación cambió, los autos se revaloraron al convertirse en clásicos, pero con refacciones nuevas, originales, y así alcanzar precios que hoy llegan al medio millón de pesos en promedio”.

Los fanáticos a este modelo de la Ford Motor Co. ya saben dónde los pueden arreglar, pues este lugar –ubicado en la esquina de Carolina y Holbein, junto a la plaza de toros México de la colonia Nochebuena-, es una galería de exhibición y un taller especializado de hojalatería -en el que se cambia, integralmente, lo desechado por algo nuevo y original-, de pintura y mecánica con tecnología de punta, de última generación.

La exposición de Alejandro Moreno muestra desde Modelos T de 1921 y 1929 impecables, antes abandonados, ruinosos porque sus dueños, aburridos, no supieron que hacer con ellos, pero que ahora parecen como recién salidos de la fábrica -cuando han pasado tantos años-, hasta un L´Orean irlandés de acero inoxidable de la película “Volver al futuro”, pasando por varios Mustang de las generaciones 1964 a 1973.

Moreno Avellana posee un cartel de Chad Horwedel con muchos de esos automóviles, cuyo nombre se inspiró en el emblemático avión de combate P51 Mustang de la Segunda Guerra Mundial, y en los caballos cimarrones de las grandes praderas de centro y oeste de Estados Unidos.

“El propietario que desee hacer una restauración o reparación debe saber lo que tiene en sus manos –como en el caso de los autos antiguos, que ahora valen 500 mil pesos cada uno, o de cualquiera otro-, poseer idea de lo que quiere, si no, será un fracaso total”.

El cine, la televisión y las actuales tecnologías mediáticas -agrega gustoso-, han hecho que los dueños de los carros tengan más cuidado con ellos, sean clásicos, antiguos, modernos, raros u ultramodernos.

“Podemos hablar de una cultura automotriz, expresada en los desfiles y exposiciones en el Paseo de la Reforma, Ciudad Universitaria y Huixquilucan, en los que hay intensa actividad cada año”.

Moreno participaba con sus propios coches, y ahora acompaña y asesora a sus clientes, con cuatro victorias consecutivas desde 2011: “Tengo un Mustang 302 amarillo canario modelo 1970, listo para el evento de abril de 2017, seguro va a ganar, y así colocaremos un trofeo más en la mesa de reconocimientos y diplomas”.

El emprendedor mexicano, nacido en la colonia Nápoles de la capital mexicana en 1946 –quien hizo esfuerzos financieros enormes para lograr la conversión Mercedes a Mustang en 1990-, estima que las generaciones Mustang 64 y 65 son parte fundamental de esta historia, “se mire como se mire”.

Todo se originó cuando, hacia la mitad del siglo pasado, numerosos fabricantes de automóviles estadounidenses se fijaron en los compactos y ligeros Roadsters ingleses de esa década.

Explica que, en el intento de trasladar esa nueva oferta al mercado estadounidense, nació una de las hazañas empresariales y deportivas que han vencido el paso del tiempo. “El auto deportivo americano por excelencia ­el Corvette de General Motors­ hizo su aparición en el Motorama Car Show de 1953, y con su éxito hizo reaccionar a la industria de Detroit”.

El Thunderbird de 1954 fue la respuesta de Ford Motor Co. a ese deportivo de GM, y así hasta llegar a la década de 1960, cuando un piloto texano ganó las 24 horas de Le Mans de 1959 al volante de un bólido británico: se trataba de Carroll Shelby y el prototipo Aston Martin DBR1, como el que usaría James Bond en la serie de espionaje de agente 007.

Shelby, ya héroe nacional, abandonó ese año las carreras por un infarto al miocardio, convirtiéndose en diseñador y fabricante de sus propios carros deportivos, similares a los Roadsters británicos, y nadie mejor que él para llevar a cabo la fusión de dos conceptos: ligeros deportivos ingleses y potentísimos motores americanos.

Creó el Shelby/AC Cobra en 1960, evolucionando hasta el gran Mustang, que salió a las calles en abril de 1964 que, en ocho meses, vendió medio millón, sin que su producción se detuviera hasta 1973, para retomar su fabricación a fines del siglo pasado.

Aprender a detallar autos no es fácil, pues tiene sus secretos: por ejemplo en puertas, motores, carrocerías y reconversión de frenos, además de que coleccionar es un negocio redituable, pues los precios pueden hasta cuadruplicarse, debido a que –concluye Moreno-, son autos especiales para personas especiales, como un diminuto Mini Cooper 1300 modelo 2000, que ya se vendió o el Mustang negro Fastback Eleanor 1967 de su propiedad, que es su orgullo y símbolo de la empresa que creó hace casi medio siglo.


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