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Con música y lisonjas, Mon Laferte conquistó a Guanajuato

La cantante pop radicada en México se presentó en el marco del Cervantino

La instrumentista y cantante chilena Mon Laferte, (Norma Monserrat Bustamante Laferte, Viña del Mar, Valparaíso, 1983) descubrió el rostro más popular de la 44 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), al ofrecer la víspera un concierto en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas.

El espectáculo, siempre acompañado por una lluvia pertinaz y de inocente aspecto, reunió a un buen número de seguidores de la intérprete quien, pese a tener una década radicada en México, nunca había pisado Guanajuato. Musitó: “Voy a venir más seguido, pero de vacaciones… a ver quién de ustedes me invita un tecito”.

Esa arenga, que fue el primer disparo para ganarse al público, surtió efecto. De las gradas brotaron enseguida propuestas de invitación, que ella, con un delicado y bien estudiado mohín, agradeció.

“Estoy muy entusiasmada, hay mucha gente aquí”, fue el segundo tiro que igualmente dio en el blanco. Los gritos se desbordaron.

“Tormento”, “Vuelve por favor”, “Igual que yo” y “Si tú me quisieras” abrieron el cartel que preparó para la ocasión. “Ya sabía que me iba a gustar cantar en el Cervantino”, dijo, y la tercera flecha, acertó. La dotación instrumental, guitarra, trombón, batería, saxofón, bajo, teclados y acordeón, siguieron a su voz de soprano. En dos pantallas laterales se proyectaron escenas amorosas de películas del Hollywood en blanco y negro. Los galanes de mediados del siglo pasado y las divas, han inspirado a la cantante para disponer de un atuendo, predeterminado, que permite identificarla con cierta facilidad, como la flor roja que habitualmente lleva en la testa.

Al cantar “Salvador”, “El cristal”, “La noche/un alma” y “Cielito de abril”, se sintió en los brazos de Clark Gable, Cary Grant o el mismísimo Valentino, sensación que contagió a no pocas adolescentes que por su inexperiencia no han educado, menos aún madurado, su oído musical.

Ella dice tocar la guitarra, el piano, la batería y la armónica, además de considerarse, sin empacho, compositora y cantante. Ha incursionado en diversos géneros como el rock en diferentes corrientes: blues, pop y música electrónica, además de ser activista que apoya a la comunidad LGBT.

Esa multiplicidad de funciones es la que le ha granjeado una legión de jóvenes adeptos, no así la atención de la crítica especializada.

La ráfaga conquistadora no cesó. El título de una canción y con lógica consecuencia el cuerpo de su letra, encierra una palabra que aún zarandea a las buenas conciencias, sobre todo en esta ciudad de acendrada religiosidad: “Orgasmo para dos”. Preguntó: “¿Cuántos somos aquí? Compartir es también cosa de bien nacidos.

Antes de esa, interpretó “Amor completo”, “La mujer” y “Flor de amapola”, para dar paso a “Ana”, “Bonita” y “Marihuana”, que siguió la tónica de encender los ánimos, así como “Lo que pido” y “El diablo”, para dar fin al concierto con “Tu falta de querer”. Una vez que animó a la muchachada, inició la vendimia del más reciente de sus tres discos grabados hasta hoy, “Non Laferte”.

“¿Cuánto cuestan los discos?” 200 pesos, señorita… es original. “Gracias…”. La venta no estuvo buena.


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