Finanzas

Muestra estudio “impuesto rosa” con tarifa más alta para mujer en EUA

La discrepancia en la fijación de tarifas y precios de los artículos para mujeres y hombres

El “impuesto rosa” como se le denomina a la discrepancia en la fijación de tarifas y precios de los artículos para mujeres y hombres, es un asunto que además de discriminatorio, perjudica la economía de Estados Unidos, de acuerdo con un estudio.La investigación, conducida por Lori Taylor, directora del Instituto Mosbacher de Comercio, Economía y Políticas Públicas de la Universidad de Texas A & M, reveló que el código fiscal de Estados Unidos mantiene diferencias de género que pueden calificarse de discriminatorias.

La investigación mostró que los aranceles que Estados Unidos impone a la ropa de las mujeres son, en promedio, un 25 por ciento más altos que las tarifas que se fija en la ropa importada de los hombres.

“Por ejemplo, la tarifa en las blusas de seda de las mujeres es seis veces mayor que la tarifa en las camisas de seda de los hombres”, explicó Taylor en un comunicado en el que difunde su investigación.

La discrepancia se extiende a múltiples productos fabricados para mujeres, desde trajes, vestidos y chamarras, hasta zapatos, abrigos y perfumes.

Cada centavo de estas tarifas se pasa a los consumidores, por lo que la ropa de las mujeres es más cara y el costo adicional está en gran parte fuera del control de los minoristas, explicó la investigadora.

Taylor indicó que aún cuando no puede acusar al código fiscal de Estados Unidos de ser deliberadamente discriminatorio, éste si tiene efectos discriminatorios en los consumidores.

Taylor escribió que la diferencia de impuestos en la ropa con base en el género, no puede ser defendida y pidió que se elimine el sesgo de género en código fiscal de Estados Unidos.

“La política fiscal no debe discriminar”, señaló. “Los consumidores estadunidenses soportan la carga de esta política de impuestos”, afirmó.

La tributación diferenciada, basada en el sexo del consumidor no es una buena política pública, sostuvo Taylor.

La investigadora indicó que la manera más fácil de corregir el problema es que el Congreso de Estados Unidos apruebe una ley que permite a los importadores el elegir el tipo arancelario de hombre o mujer, que sea el más bajo.

Este cambio podría perjudicar a la industria de fabricación de ropa local, pero ayudaría a la industria del comercio al por menor, generaría un importante ahorro para el consumidor estadunidense, crearía un código fiscal más equitativo y ayudaría a reducir el “impuesto rosa”, la cantidad extra de dinero que las mujeres pagan por ciertos productos o servicios.

“No sé si hay alguna acción en el Congreso, porque la gente no parece está consciente de las diferencias”, dijo Taylor, quien agregó que se “requerirá de la acción del Congreso porque dudo que este tipo de cambio podría ser una iniciativa de la burocracia existente


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