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Grupo binacional propone acuerdo de movilidad laboral EUA-México

Estados Unidos y México deben firmar un acuerdo de movilidad laboral para regular el flujo de trabajadores no calificados por el interés nacional de ambos países, recomendó un grupo de trabajo copresidido por el expresidente mexicano Ernesto Zedillo.

Estados Unidos y México deben firmar un acuerdo de movilidad laboral para regular el flujo de trabajadores no calificados por el interés nacional de ambos países, recomendó un grupo de trabajo copresidido por el expresidente mexicano Ernesto Zedillo.

El grupo, integrado por el Centro de Desarrollo Global (CGD) de Washington y copresidido por el exsecretario estadunidense de Comercio, Carlos Gutiérrez, sostuvo que un nuevo convenio bilateral erradicaría la movilidad laboral basada en el actual “mercado negro”.

“Mediante un convenio regulatorio bilateral se puede disminuir drásticamente la cantidad de mexicanos que emigran de manera ilegal por motivos económicos”, señaló el informe, escrito por el investigador del CGD, Michael Clemens.

El Grupo de Trabajo sobre Movilidad Laboral fue convocado el año pasado por el CGD para buscar un consenso binacional para encarar la movilidad laboral futura de trabajadores menos calificados. Zedillo y Gutiérrez fueron seleccionado como copresidentes.

Para armar el reporte, el grupo de trabajo se acercó a sindicatos, empleadores, la patrulla fronteriza, estados nacionales, laboratorios de ideas y académicos, con afiliaciones políticas diversas tanto de Estados Unidos como de México.

Aunque el informe reconoce los avances de acuerdos binacionales previos, sostiene que un nuevo convenio debe tener metas ambiciosas como reducir drásticamente la movilidad transfronteriza ilegal; pero preservando la prioridad de los trabajadores estadunidenses.

Asimismo, sostiene que el acuerdo debe evitar la proliferación de trabas burocráticas innecesarias; evitar aumentos bruscos en la llegada de mano de obra, respondiendo al mismo tiempo a las condiciones del mercado y eliminando la “intermediación laboral abusiva”.

Otro de sus objetivos es garantizar el cumplimiento, por parte de los empleadores, de los estándares laborales respecto de todos los trabajadores; evitar la permanencia de personas cuyo permiso laboral se haya vencido y orientarse a obtener beneficios comunes para ambos países.

“El imán a Estados Unidos no es que no haya un muro, el imán es que tenemos empleos que no pueden ser llenados con trabajadores estadunidenses”, puntualizó el exsecretario Gutiérrez durante la presentación de la propuesta. Zedillo no asistió.

Gutiérrez comentó que no basta que la clase política de Estados Unidos se enfoque sólo en la situación y el destino de los millones de trabajadores inmigrantes que ya se encuentran en el país.

“A menos que lidiemos con el flujo futuro, vamos a lidiar con este problemas en cinco, 10 o 15 años”, subrayó.

Doris Meissner, excomisionada del extinto Servicio de Inmigración y Naturalización (INS), coincidió que “este asunto no se va a ir” del debate político de Estados Unidos.

“Más allá de cualquier falla de nuestro sistema político que haga más difícil, va a regresar de una manera u otra. Es el asunto de nuestra época”, aseveró.

El investigador Clemens reconoció que durante las deliberaciones del Grupo de Trabajo surgieron diferencias entre los integrantes.

Entre los principales desencuentros mencionó que algunos participantes deseaban que el propuesto acuerdo tuviera carácter regional y no bilateral, dado el reciente peso migratorio de Centroamérica, así como que algunos proponían un enfoque integral y otros gradual.

El informe no incluye cifras, cuotas o techos para el flujo futuro de trabajadores mexicanos menos calificados, para dejar abierta la flexibilidad de que sean definidos por la situación del mercado laboral.

Tampoco abordó en detalle las dificultades para lograr la aprobación de un convenio de esta naturaleza, especialmente en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. “Lo más importante es traer a la mesa a los republicanos”, comentó Meissner.

El Centro para el Desarrollo Global es un organismo académico de análisis enfocado al desarrollo internacional, con sede en Washington. Su misión es reducir la pobreza global.


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