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Inmigrantes menores de edad son más vulnerables ante la explotación

En 2015 llegaron a Italia en torno a 12 mil menores extranjeros no acompañados, de los cuales seis mil 135 resultaban ilocalizables

Uno de sus lugares preferidos de reunión es la estación de trenes “Termini” de Roma, donde algunos de ellos también duermen o consiguen clientes cuando la desesperación y el hambre los obliga a vender sus cuerpos.

Son menores extranjeros no acompañados que llegaron a Italia en las oleadas migratorias de los últimos años, muchos de los cuales han hecho perder su rastro y forman parte de los 10 mil niños y adolescentes recientemente reportados como desaparecidos en toda Europa por la policía europea (Europol).

Según un reporte del Ministerio italiano del Trabajo y de Políticas Sociales, en 2015 llegaron a Italia en torno a 12 mil menores extranjeros no acompañados, de los cuales seis mil 135 resultaban ilocalizables al 31 de diciembre pasado.

En particular, el informe resaltó que la más alta tasa de desaparición se registra entre los menores de nacionalidad eritrea, lo que tiene que ver con una multiplicidad de factores, entre ellos el proyecto migratorio, las expectativas familiares e individuales, las informaciones con las que cuentan los menores, las redes familiares o de referencia en los países de destino.

Y es que la mayor parte de ellos llega a Italia solamente de paso, con la idea de viajar a países del norte de Europa, como Alemania, o las naciones escandinavas, donde ya tiene parientes instalados.

El mismo reporte señaló que es Egipto el país de origen de la mayor parte de los menores extranjeros no acompañados (23.1 por ciento), seguido de Albania (12 por ciento), Eritrea (9.9), Gambia (9.7) y Nigeria (5.8).

El 95.4 por ciento son del sexo masculino y el 81.2 por ciento tiene entre 16 y 17 años de edad.

Giovanna De Benedetto, operadora sobre el terreno (en particular en Sicilia y Grecia) de la asociación humanitaria Save the Children, confirmó que en 2015 llegaron a Italia por vía marítima más de 12 mil menores no acompañados, mientras que en los dos primeros meses de 2016 han arribado más de mil 200.

“Una parte de las personas que abandonan las estructuras de acogida en las que son transferidas tras el desembarco son muchachos de nacionalidad eritrea, somala y siria que ya tienen un proyecto de viaje que no prevé detenerse en Italia sino proseguir hacia países del norte de Europa donde cuentan con familiares, amigos o conocidos”, explicó.

Es decir, son menores que se van por su propia voluntad y no tienen intención de pedir asilo político, pese a lo cual son considerados personas vulnerables, solas, sin documentos, ni dinero y, consecuentemente, bajo riesgo de caer en las redes de la criminalidad organizada.

Un capítulo aparte –dijo- lo representan los menores egipcios, mandados a Italia por sus familias, que se endeudan para pagarles el viaje y, por lo tanto, “esos muchachos sienten una fuerte presión porque deben ayudar a sus parientes a saldar la deuda contraída con los traficantes”.

“Muchos de los egipcios que hemos recibido en Sicilia nos los encontramos después en los mercados generales de Roma descargando cajas de fruta o mercancía a cambio de salarios ínfimos”, señaló.

En relación a versiones de prensa, en el sentido de que algunos de los menores desaparecidos habrían caído en manos de traficantes de órganos, De Benedetto aseguró que Save the Childre no ha tenido nunca ninguna evidencia de que ese problema exista.

“Nadie nos ha hablado nunca de un fenómeno de ese tipo, ni hemos sabido nada al respecto, lo que sí hemos constatado es la existencia de la explotación sexual”, añadió.

Confirmó que suelen ser los adolescentes egipcios, presionados a ganar dinero para enviar a sus familias, los que suelen prostituirse en las grandes ciudades italianas como Roma o Milán.

La crítica situación plantea la necesidad de reformar el sistema de acogida de menores extranjeros no acompañados, que actualmente prevé que la responsabilidad de su tutela caiga sobre los alcaldes.

Según De Benedetto, se trata de un modelo que no funciona, ni garantiza la protección de los menores, por lo que urgió a la aprobación parlamentaria de una ley denominada “Medidas de protección de menores extranjeros no acompañados”.

Entre los objetivos de la normativa está crear una unidad directiva capaz de regular en todo el territorio italiano la protección y hospitalidad de los menores, con la institución de un cuerpo de voluntarios que, tras una evaluación por los tribunales, puedan convertirse en figuras de referencia para los adolescentes y niños inmigrantes.

El objetivo es que cada uno de los menores pueda contar con un tutor, pero la ley está actualmente congelada en el Parlamento, mientras el desembarco de inmigrantes no se detiene.


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