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Once historias de maltrato animal con el mejor final posible

Cada uno de los 11 felinos trasladados este viernes a The Wild Animal Sanctuary, en Colorado, tiene un nombre, un expediente y un microchip

Cada uno de los 11 felinos trasladados este viernes a The Wild Animal Sanctuary, en Colorado, tiene un nombre, un expediente y un microchip, así como historias de tráfico, trato indigno, dueños negligentes e investigaciones abiertas por autoridades.

"Yoya", una tigresa de Bengala de 16 años, vivía en una fábrica de pantalones en Puebla y pesaba 40 kilogramos cuando la Profepa la rescató, después de la rehabilitación pesa 120 kilogramos.

Negrita, la pantera-jaguar de 12 años, no tiene garras ni colmillos, mientras que el tigre Chucho, de ocho años, se arrastraba en vez de caminar cuando lo recuperaron.

A su vez Diego, el tigre blanco, de cachorro era una atracción turística en Playa del Carmen, mientras que el jaguar Manchas y los tigres Panchito, Basthed y Frida fueron entregados de manera voluntaria por sus dueños ante la imposibilidad de cuidarlos.

En tanto, Ágata, la leona, tiene 10 años, nació en cautiverio, fue criada por humanos ante el rechazo de su madre y ha pasado gran parte de su vida en clínicas, no tiene cola y es hostil con los de su especie.

Marisol Pérez Hernández, directora de la Unidad de Rescate, Rehabilitación y Reubicación de Fauna Silvestre, Endémica y Exótica -que se encargó de rehabilitar a los felinos-, explicó que generalmente son nulas las posibilidades de que sobrevivan los animales decomisados por las malas condiciones en que los encuentran.

El organismo que dirige Pérez Hernández fue creado hace dos años por el gobierno municipal de Pachuca, Hidalgo, y es el primero de su tipo en el país.

De 2014 a la fecha mil 482 animales han sido decomisados en operativos y la ley obliga las autoridades a canalizarlos a algún zoológico o centro para su cuidado.

El director general de Inspección y Vigilancia de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Joel Hernández Moreno, informó que con ese objetivo el gobierno mexicano tiene planeado construir para 2018 seis centros que puedan albergar en mejores condiciones a los ejemplares decomisados.

Erika Ortigoza Vázquez, quien funge como enlace entre el santuario y las autoridades mexicanas, pidió a la población no comprar animales silvestres.

Explicó que en The Wild Animal Sanctuary, Ágata y las otras especies podrán comportase finalmente como lo que son, aunque sus historias aún no terminan.

No van anestesiados a petición del centro donde se les recibirá y aún les falta aguantar momentos de estrés durante el largo viaje con escalas hasta Denver, Colorado. Además, una vez en el santuario, tendrán que pasar un periodo de cuarentena.

Ortigoza Vázquez subrayó que ese lugar es el más grande del mundo para alojar carnívoros, así como el más eficiente sustentable con casi 40 años de experiencia.

También indicó que están muy contentos de recibir a esos 11 felinos, pues entre ellos hay especies en peligro de extinción, como los tigres.


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