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En Tarki se respira olor a muerte

San Pablo de Manta sigue llorando mientras busca más víctimas en los escombros en las calles desoladas de Tarki

San Pablo de Manta sigue llorando mientras busca más víctimas en los escombros en las calles desoladas de Tarki, populosa zona comercial de esta ciudad de la provincia deManabi, en el costa pacífica ecuatoriana.

A cinco días que el terremoto de 7.8 grados estremeciera la costa pacífica ecuatoriana, los pobladores del principal puerto pesquero ecuatoriano, siguen estupefactos e incrédulos ante la magnitud del sismo que los sorprendió cuando empezaba la noche del 16 de abril.

La tragedia se siente desde la entrada a la ciudad, con vías cerradas, comercio que aún no logra abrir las puertas con la alegría de antes, pues su gente aun camina con miedo a las réplicas y pavor a que regrese un sismo de la mismas magnitud, o quizá mayor.

Familias enteras, que dejaron sus casas porque están averiadas, edificios residenciales y hoteles que mantienen en sus fachadas la huella de la tragedia.

Comerciantes que aún no se atreven abrir los negocios, porque las ventas cayeron estrepitosamente, sus empleados se quedaron sin casa o sus locales están averiados en sus estructuras.

Pero el mayor drama en Manta se focaliza en el sector comercial de Tarki, la zona comercial más popular de la ciudad, algo así como “Tepito”, en ciudad de México, o “San Victorino” en Bogotá, en donde venden el producto que el cliente quiera.

Tarki, en pleno centro de Manta, dejó de ser el hervidero comercial de la ciudad para convertirse en el rostro más humano que dejó el devorador terremoto del 16 de abril.

Las imágenes son dantescas: edificios que cayeron, como un hotel, donde solo quedó el nombre.

También colapsó el edificio de una papelería de seis plantas, donde habían más de 50 personas en el momento del temblor, y solo sobrevivieron menos de 20, según empleados de este establecimiento comercial, que escaparon a la muerte.

En Tarki se respira olores de muerte, desesperanza de los pocos comerciantes que llegan a la zona para ver desde lejos la remoción de escombros por rescatistas apoyados con perros que tratan de encontrar alguna evidencia de vida entre las moles de cemento.

Las lágrimas salen de los comerciantes que solo miran y miran desde una distancia prudente la demolición de las edificaciones. El lugar donde ellos construyeron futuro para sus familias, es hoy solo escombros.

La noche del 16 de abril- en palabras de un comerciante damnificado- “salieron bolas de humo de los edificios…. Fue como una bomba que cayó sobre nosotros”.

Cinco días después en Tarki, solo se respira muerte.


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