Mundo

Compartir

Ecuatoriano Edwin Matute logró salvar la vida por tercera vez

Edwin Matute, sobreviviente de un accidente aéreo en 1996, cuando un avión cargado de pescado cayó sobre el sector La Dolorosa

Edwin Matute, sobreviviente de un accidente aéreo en 1996, cuando un avión cargado de pescado cayó sobre el sector La Dolorosa, en esta ciudad, fue uno de los trabajadores en un edificio de cinco pisos que logró salir con vida, después que se desplomó con toneladas de cemento encima, en el terremoto del pasado 16 de abril.

Este empleado de un negocio de papelera, en el sector comercial de Tarki, en el corazón de Manta, narró a Notimex los momentos que estuvo entre la vida y la muerte, bajo una mole de cementó que se vino a tierra en la noche del 16 de abril con el terremoto de 7.8 grados que sacudió la costa norte ecuatoriana.

Edwin Matute, con camiseta color rojo, estaba en Tarki, la zona comercial que fue totalmente destruida por el terremoto, mirando con su celular en la mano cómo una máquina operada por rescatistas removía los escombros del edificio donde él trabajó por varios años.

El aire en la zona de Tarki tiene un fuerte olor a cadáveres descompuestos que están bajo toneladas y toneladas de cemento, los socorristas con apoyo de las autoridades locales controlan el ingreso al área que es totalmente restringida.

Con el celular, Edwin reporta a sus familiares y compañeros de trabajo lo que está viendo desde una esquina a escasos 100 metros de la máquina excavadora que trabaja día y noche removiendo los escombros.

“Yo estaba en la parte de arriba donde estaba la mayoría de personas. El edificio era de cinco plantas”, narró este trabajador, que vivió por tercera ocasión, porque después del accidente aéreo de La Dolorosa, se salvó en una riña cuando un hombre que asesinó a uno de sus mejores amigos, se arrepintió de apretar el gatillo contra él.

“Estaba en el tercer piso, donde se murieron las personas. Media hora antes mi jefe me pidió que bajara a la primera planta para que buscara unos fólderes. Bajé a hacer el chequeo y el inventario, y cuando terminé de hacer el trabajo, empecé a sentir un temblor suave, unos remezones suaves y luego más fuertes. Me acerqué a un compañero, nos miramos y se apagó la luz”, añadió.

“En ese momento del apagón llegó el remezón más fuerte, me agarré de la camiseta de mi compañero, me agaché y me quedé quieto por un tiempo corto, pero fueron los más largos del mundo. Uno siente que se viene el mundo encima. Sentía que ya me moría. Estaba seguro que me iba a morir”, indicó.

Según su relato, entre la oscuridad escuchó voces desde fuera que le decían: ¡Edwin aguanta... espera... espera. No se mueva, quédese quieto!

“Intente levantarme y sentí que estaba muy pesado. Con mucho esfuerzo me puse de pie con polvo en la boca y en los ojos. Observé que tenía enfrente un muro como de dos metros y la verdad yo no sé cómo salí, pero salí y en la calle me di cuenta que estaba herido”, añadió.

Mira el lugar donde trabajó por varios años, respira y levanta la cabeza hacia arriba y dice “no creo que esté vivo. Difícil creerlo”, después de comprobar con sus propios ojos las toneladas de cemento y escombros que removía la excavadora.

En el edificio en el momento del sismo, habían 50 trabajadores y 20 clientes en la planta baja, y según Edwin Matute, solo se salvaron 10 personas entre empleados y clientes. La mayoría de los cadáveres fueron rescatados, y entre esa mole de cemento hay otras personas, entre ellas una compañera de trabajo.

“Ahí se murió toda una familia que estaba haciendo compras. Ahí todavía hay gente enterrada. No perdemos la esperanza (...) lo mío es un milagro, no sé por qué estoy vivo. No he podido asimilarlo, aquí murieron compañeros de trabajo de muchos años, otros recién llegados, muy jóvenes”, afirmó.

“Uno quiere que todos ellos estuvieran vivos, que los que están ahí (señala el sitio con su índice) salgan con vida, pero esto es imposible”, finalizó su relato con un silencio prologando, con la mirada fija en el punto alto de la excavadora y con lágrimas que corrían lentamente por sus mejillas. Es un dolor que estará por siempre en su vida.


NOTAS RELACIONADAS

ÚLTIMOS

MÁS VISTOS

HOY EN

PROYECTO 40