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En África el chamanismo sigue vivo

Conoce el trabjo y profesión que realiza Ibrahim Sangré en África Occidental

El chamanismo es un fenómeno que sigue estando muy extendido en todo el continente africano. En algunos países la figura del chamán juega un papel fundamental, ya que es capaz de dar poder, respetabilidad y dinero.

En Costa de Marfil, el chamán Ibrahim Sangaré, de profesión feticheur, como se llama a los chamanes en África Occidental, es conocidísimo, y muy frecuentemente acuden a su consulta ministros y celebridades.

Con el término chamanismo se indica el conjunto de creencias y la manera de vivir y de ver el mundo de las sociedades animistas, basado en torno a una particular figura de sanador sabio y a su actividad mágico-religiosa: el chamán.

Se trata de creencias ligadas con el culto a la tierra y los espíritus que la habitan, y se presenta en formas muy similares en las varias culturas en las que se practica, aunque las poblaciones nunca han entrado en contacto entre sí.

Según los chamanes, la vida de todos los seres vivos está estrechamente vinculada, por lo que haciendo el bien a los demás nos lo hacemos también a nosotros mismos porque se trabaja para restaurar la armonía del universo.

Además de curar a los miembros de su comunidad, el chamán se preocupa generalmente por su bienestar e interviene con sus rituales para controlar los fenómenos meteorológicos, la adquisición de la comida y el desenlace de los conflictos.

El chamán consigue hacer todo esto gracias a su capacidad de “viajar” en estado de trance en el mundo de los espíritus y de usar sus poderes. Esta es la principal característica que distingue al chamán de otras formas de curandero.

En algunos países africanos el chamanismo es un fenómeno con un alcance excepcional. En Costa de Marfil, principalmente.

En este país de África Occidental, donde el animismo es la religión más extendida -37 por ciento de la población, seguido por el islam (28) y el cristianismo (25)-, la mayoría de la población acude continuamente para pedir consejos y visiones sobre el futuro.

Aquí a los chamanes se les llama feticheurs, ya que a menudo fabrican fetiches para los que acuden a su ayuda, es decir, objetos inanimados -compuestos de varias partes de animales muertos en sacrificios- a los que se atribuye un poder mágico y espiritual.

Cada animista tiene a su propio feticheur de confianza. Uno de los más famosos en Abiyán, la capital económica de Costa de Marfil, es Ibrahim Sangaré, que se ha convertido en una leyenda por sus increíbles facultades.

A pesar de que a lo largo de los años ha acumulado una pequeña fortuna, sigue ocupando su oficina-laboratorio en Anyama, un poblado y humilde municipio en las afueras de la ciudad.

Día y noche llama a su puerta gente de todas los estratos sociales, que pagan sus valiosos servicios en función de su disponibilidad económica.

“He llevado a cabo investigaciones en toda la región, en Guinea Bissau, Benin, Senegal y Nigeria. Tengo una gran cantidad de propuestas”, dice.

“Si por ejemplo te hacen un hechizo, te puedo curar. Si alguien malo quiere hacerte daño, puedo anular sus intenciones. Hace años me preguntaban sobre todo por el amor y el trabajo”, añade.

“Hoy, sin embargo, me preguntan sobre la posibilidad de ir o no a Europa, y los que me preguntan eso son principalmente jóvenes”, explica Ibrahim Sangaré, que hace unos días cumplió 53 años.

El feticheur Sangaré practica varios rituales. El más eficaz, asegura, consiste en leer el futuro usando una arena mágica, o mejor dicho, una mezcla de arenas sagradas que él mismo recoge durante sus muchos viajes y que guarda en bidones de plástico.

La persona que acude a él pronuncia el nombre de la amada, el nombre del enemigo, el objetivo que le gustaría alcanzar, la actividad económica en la que le gustaría probar suerte, el modelo de coche que se acaba de comprar y que le gustaría que fuese bendecido, todo acercando los labios a una pequeño cucharón que le tiende el feticheur.

Este último, después de haber recitado antiguas fórmulas, escupe en el cucharón y empieza a mezclar la arena esparcida por el suelo y a componer señales.

“La arena se comunica conmigo. Es la arena la que me mueve la mano. De acuerdo con las señales que hace mi mano puedo decir qué le va a pasar al que ha venido por mis consejos”. refiere.

“Mi respuesta nunca es definitiva, sobre todo cuando es negativa. Si siguen mis consejos, si tienen fe en mis rituales, pueden transformar un futuro nefasto a su favor”, asegura Sangaré.

Advierte sobre los impostores: “He conocido a muchos. Se meten en internet y memorizan alguna fórmula. Pero no tienen la magia en la sangre. Para llegar a ser feticheur hay que estudiar, experimentar, tener una mente libre y abierta a nuevos conocimientos”.


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