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Recibe el Papa Premio Carlomagno por su aporte a la unidad europea

Por su extraordinario empeño a favor de la paz, la comprensión y la misericordia en una sociedad europea de valores

El Papa Francisco dejó de lado su política de rechazar galardones y aceptó la entrega del Premio Internacional Carlomagno de Aquisgrán, por su “extraordinario empeño a favor de la paz, la comprensión y la misericordia en una sociedad europea de valores”.

La Sala Regia del Vaticano fue escenario de la ceremonia de condecoración en la cual participaron las máximas autoridades políticas de la Unión Europea, además de mandatarios como el Rey Felipe VI de España, el Gran Duque Enrique de Luxemburgo y la presidente de Lituania Dalia Grybauskaité.

Destacó también la presencia de la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro de Italia Matteo Renzi, junto a numerosas autoridades diplomáticas y religiosas.

Antes de la entrega de la medalla, símbolo del premio, el presidente del comité directivo de la asociación que otorga el reconocimiento leyó la justificación del mismo y calificó a Bergoglio como “una voz de la conciencia” que llama siempre a poner al hombre al centro.

“En cuanto altísima autoridad moral nos recuerda, como amonestador y mediador, que en Europa tenemos la tarea y el deber – en el seguimiento de los ideales de los padres fundadores- de dar concreta realización a los principios de paz y libertad, derecho y democracia, solidaridad y salvaguardia de la creación”, agregó Jürgen Linden.

“Que el santo padre nos de la valentía y la confianza para hacer nuevamente de Europa ese sueño que hemos osado soñar por más de 60 años”, agregó.

De manera extraordinaria el líder católico decidió aceptar el premio, instituido en 1950 y conferido a instituciones y personalidades europeas particularmente empeñadas en la unidad del continente.

En 1989 fue entregado a Fray Roger, fundador del movimiento católico Comunidad de Taizé, en 2004 al Papa Juan Pablo II y en 2009 al profesor Andrea Riccardi, fundador de otro movimiento, la Comunidad de San Egidio.

El reconocimiento le fue entregado a Francisco aunque el Papa no ha visitado ninguna de las potencias europeas, salvo Italia (donde llevó a cabo varias giras pastorales). En noviembre de 2014 viajó a Estrasburgo para pronunciar discursos en las instituciones europeas (Consejo y Parlamento) establecidas allí.

En su discurso Martin Schultz, presidente del Parlamento Europeo, reconoció que el pontífice “mira a Europa desde el exterior” pero aclaró que lo hace “de manera genuina”, destacando que es argentino, hijo de inmigrantes italianos, “de una actitud humilde y calurosa que logra conquistar las simpatías de personas de todo credo y religión”.

“Cuando afirma que la Europa que mira y defiende al hombre como un precioso punto de referencia para toda la humanidad, su santidad nos dirige a nuestros valores europeos y, por lo tanto, a nosotros mismos: al espíritu humanista europeo”, añadió.

Aseguró que al dar protección en el Vaticano a tres familias sirias de refugiados en Lesbos (Grecia), el pontífice demuestra qué son la solidaridad y la humanidad, sobre todo a los jefes de gobierno que se niegan a acoger refugiados musulmanes en su país cristiano

Para Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, ese gesto del Papa “anima a una nueva valentía” porque demuestra concretamente que la solidaridad y el amor por el prójimo no son sólo “bellas palabras”, sino valores que renuevan continuamente un deber de comportamiento y de acción.

La ceremonia de premiación, el mediodía de este viernes, comenzó con el canto “Gloriosa Dicta Sunt” del coro de la Catedral de Aquisgrán, que también ejecutó “Jubilate Deo” como intermedio y “Ubi Caritas” al final.

El primero en tomar la palabra fue Marcel Philipp, alcalde de la ciudad alemana de Aquisgrán y principal responsable del premio, quien habló de los desafíos del continente europeo y calificó como “señal de mal augurio” la “tendencia a la cerrazón” de varias naciones del continente.

“Pero muros y alambrados no tienen la capacidad de resolver ningún problema de forma duradera. Sirven sólo a combatir síntomas resultantes de un insuficiente apoyo a estructuras sociales y económicas fuera de Europa”, advirtió.

Constató que quien concentra la riqueza tiene responsabilidades y consideró que la riqueza de Europa implica, para esta última, el deber de actuar mirando más a largo plazo y en forma solidaria de cuanto no lo haya hecho en pasado.

En su turno Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, afirmó que en un tiempo actual de incertidumbre se requiere una Iglesia “inclusiva y no exclusiva”, una Iglesia que “renuncie a la opulencia para sostener a los pobres”, una Iglesia “radical en el amor” que deje a Dios “la tarea de juzgar”.

“Una Iglesia que tenga confianza en los hombres y en su libertad, antes que en la omnipotencia de las instituciones, que antes de condenar, lleve esperanza a vidas rotas, (.) que inspire solo sentimientos positivos y jamás miedo, desprecio o rabia”, siguió.

“La pregunta que el santo padre nos dirige es: ¿Cómo quisiera ser Europa? ¿Compasiva y altruista, o impenetrable y egoísta? ¿Construida sobre los principios profundamente cristianos de los derechos humanos, de las libertades civiles y del respeto por cada ser humano, o sobre el culto pagano de la violencia o el desprecio?”, apuntó.


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