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Sociedad colombiana dividida entre la paz y la guerra

El acuerdo para el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, entre el gobierno colombiano y las FARC, recibió el apoyo unánime internacional, pero a nivel interno la derecha intensificará su resistencia civil a los diálogos de paz.

El acuerdo para el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, entre el gobierno colombiano y las FARC, recibió el apoyo unánime internacional, pero a nivel interno la derecha intensificará su resistencia civil a los diálogos de paz.

Partidos políticos de la coalición de gobierno, la izquierda, la centroderecha, los ambientalistas, las organizaciones defensoras de derechos humanos, y hasta los ex secuestrados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), valoraron el acuerdo, suscrito el jueves en La Habana, Cuba.

El Consejo Gremial, que reúne a 22 asociaciones de empresarios y el gremio que agrupa a todo el sistema financiero de Colombia, visitaron al presidente colombiano Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño, para asumir su compromiso con el postconflicto.

Santos, ministros y negociadores y los expresidentes Belisario Betancourt (1982-1986); Cesar Gaviria (1990-1994); y Ernesto Samper (1994-1998), valoraron la importancia que las FARC silenciaran las armas desde este 23 de junio y las Fuerzas Militares del Estado, cesarían las operaciones ofensivas contra este grupo insurgente.

El acuerdo para el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo; así como la dejación de las armas es el más importante que se haya logrado en toda la historia republicana de Colombia.

Este país sudamericano ha sobrevivido a la violencia política en diferentes épocas, pero la más reciente data de hace 52 años, y es la que tiene que ver con el alzamiento en armas de la insurgencia.

El pacto de cese el fuego y de hostilidades, además del compromiso de las FARC de entregar las armas a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se convierte en la última puerta que se abre para la firma del Acuerdo Final de paz, que podría concretarse en los próximos 60 días.

El acuerdo del 23 de junio en La Habana recibió el apoyo unánime de la comunidad internacional encabeza de organismos como la ONU: la Organización de los Estados Americanos (OEA); y la Unión Europea, entre otros.

Así como con un sin número de presidentes de todo el mundo que felicitaron al gobierno de Santos y a las FARC por este histórico paso hacia la paz definitiva y duradera.

Pero, en el seno de la sociedad colombiana, hay voces que son muy poderosa en lo político y económico, como el expresidente Alvaro Uribe Vélez (2002-2010); el exmandatario Andrés Pastrana (1998-2002); y el presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan), José Felix Lafaurie.

Este grupo de líderes de la derecha colombiana coincide en que el presidente Santos entregó el país a las guerrillas de las FARC.

En ese sentido, Uribe Vélez señaló que “la palabra paz queda herida con la elevación del grupo terrorista de las FARC a la condición de socio del Estado, o paraestado o paramilitar, con el pretexto de combatir a otros criminales”.

“La palabra paz queda herida por el mandatario (Santos), que para disimular su claudicación, desvirtúa la seguridad democrática que lo eligió, la reinserción generosa que se practicó, pero sin impunidad, sin elegibilidad y sin negociar la agenda nacional”, planteó Uribe Vélez.

Para Pastrana, que fracasó en su intento de negociar con las FARC durante su gobierno, sostuvo que un “cese a las hostilidades pactado sobre el cadáver de los principios más elementales de la Constitución es la violación de la Carta Democrática de la OEA”.

El acuerdo con las FARC, viola “los principios universales inscritos en los tratados suscritos por Colombia, que sí hacen parte del bloque de constitucionalidad, que hoy se pretende sustituir con picarescos abusos de las formas legales”.

El presidente del gremio de los ganaderos, dijo que “el llamado cese al fuego bilateral no es siquiera un concepto aplicable#.

Ya que, argumentó “nadie, que yo sepa, le ha otorgado a las FARC el reconocimiento como ejército legítimo, es decir, la condición de beligerancia, única desde la cual se podría firmar un armisticio o acordar un cese al fuego bilateral”.

En este contexto, con una derecha que se moviliza en las regiones con la propuesta de resistencia civil a los acuerdos de paz en La Habana, la polarización política en Colombia es una realidad, que la sociedad en su conjunto deberá decidir en las urnas y por cualquier mecanismo de refrendación si quiere la paz o mantener la guerra.

El 23 de junio, el gobierno colombiano y las FARC suscribieron el “Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; la Dejación de las armas”, tras más de tres años y medio de negociaciones en La habana, Cuba.


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