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Hemingway se inmortalizó en “El Floridita”

Con un daiquiri por delante, Hemingway quedó inmortalizado

El escritor estadunidense Ernest Hemingway se mantiene sentado junto a la barra de su bar favorito “El Floridita” en La Habana, la capital de la isla mayor de las Antillas.

Con un daiquiri por delante, Hemingway quedó inmortalizado con la escultura de tamaño natural que recibe a los turistas que han hecho de este lugar una visita obligada en Cuba.

En recuerdo a las muchas horas que el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1954 pasó, hasta poco antes de su muerte en 1961, “El Floridita” se ha convertido en uno de los lugares de peregrinaje obligados para los numerosos admiradores de Hemingway.

La estatua en bronce fue realizada por el escultor cubano José Villa Soberón basándose en retratos y fotos de Hemingway, quien vivió largas temporadas en Cuba durante más de dos décadas hasta el año anterior al de su suicidio, en 1961, en su casa de Idaho.

Por el bar que abrió hace casi 200 años, han desfilado varias generaciones de cubanos y extranjeros que visitan La Habana.

La mayoría para apreciar y constatar aquello que le encontró el célebre escritor norteamericano que tantas horas pasó sentado en su barra, escuchando a los asiduos del lugar o dándole forma a algunas de las historias que convirtió en novelas.

Según coinciden historiadores, Hemingway conoció el bar en 1932 cuando le sirvieron por primera vez un daiquirí especial transformado a su gusto como el Papa´s trago, que desde ese momento se volvió su bebida favorita.

“El Floridita” abrió sus puertas en el año de 1817 con el nombre de "La piña de plata" y con 199 años de historia conserva el prestigio de la empresa “Palmares“ que conserva su decoración al estilo Regency, que estrenó en los años 50.

Con numerosos reconocimientos mundiales, como el del Rey del Daiquirí, el popular “Floridita” tiene una rica historia que guarda entrañables anécdotas de La Habana.


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