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Volcanes, lagos y ríos, el sur chileno en su máxima expresión

Siempre se ha destacado la belleza del sur chileno, con sus paisajes siempre verdes y exuberantes paisajes

Siempre se ha destacado la belleza del sur chileno, con sus paisajes siempre verdes y exuberantes en cuanto a paisajes, pero pocos lugares pueden reunir en una sola postal a un volcán, dos lagos de enormes dimensiones y un río de gran caudal.

El Volcán Osorno, los lagos Llanquihue y Todos los Santos y los Saltos y el río Petrohué conforman una armonía perfecta al interior de la Región de Los Lagos, distante mil kilómetros al sur de Santiago, donde la naturaleza es imponente y en muchos lugares aún vírgenes.

El Parque Nacional “Vicente Pérez Rosales”, donde se encuentran todos estos atractivos, es el área natural protegida de Chile más antigua, ya que fue creada en 1926 para preservar, de la mejor manera posible, las bellezas de una zona que se extiende hasta Argentina.

El parque tiene una extensión de 253 mil 780 hectáreas y su ingreso más concurrido es aquel ubicado en el poblado de Ensenada, uno de los más afectados en 2015 por la erupción del cercano volcán Calbuco, el que aún presenta por estos días algún grado de actividad menor.

Este parque, distinguido como Reserva de la Biósfera Bosques Templados Lluviosos de los Andes Australes, tiene una dimensión tan importante que en su interior alberga a las localidades de Petrohué y Peulla, esta última camino a la frontera con Argentina.

La llamada “selva valdiviana” se muestra virgen, con grandes extensiones cubiertas por ejemplares nativos de coigües, ulmos, olivillos y arrayanes.

El primer atractivo con que se encuentra el turista es el imponente Volcán Osorno, cuya figura se ajusta prácticamente a la perfección a la imagen mental que toda persona tiene de un volcán, con laderas relativamente suaves, nieve en su cumbre y un cono redondeado.

Al Osorno se une la belleza de los bosques circundantes y el Lago Llanquihue, uno de los más grandes de Chile, con lo cual se conforma un paisaje imposible de ignorar por los turistas, quienes detienen sus vehículos a la orilla del camino para perpetuar la imagen con sus cámaras fotográficas.

Tras dejar atrás el poblado de Ensenada, ya recuperado del desastre que dejó la erupción del Calbuco, que expulsó miles de toneladas de material sólido en pocos días, un camino rodeado de bosques por ambos lados conduce hacia el interior del Parque Nacional.

Una construcción de piedra y vidrio marca unos kilómetros más adelante la entrada a los populares Saltos del Petrohué, unas pequeñas cascadas que se formaron en el curso del río del mismo nombre producto de una antigua lava basáltica emanada del Volcán Osorno.

El curso fluvial nace en el Lago Todos los Santos, ubicado unos kilómetros más arriba de los Saltos del Petrohué, atractivo que es paso obligado de los turistas chilenos y extranjeros que visitan la zona.

La fuerza del agua al pasar por los estrechos lugares que formaron los cursos de lava sorprende a los visitantes, quienes también se ven sorprendidos en alguna época del año por peces que llegan a algunos pozones o lugares protegidos del río.

Sin duda, la mejor época para visitar el lugar es el invierno austral, cuando las copiosas lluvias de la zona elevan en forma notable la cota natural del lago y crece la espectacularidad de los Saltos del Petrohué, con una mayor cantidad de agua pasando por los estrechos canales de piedra del lugar.

Unos kilómetros al oriente nos sorprende la aparición del Lago Todos los Santos, el cual tiene una extensión de 178 kilómetros cuadrados y que es utilizado por los turistas para viajar a Argentina en una travesía que incluye viajes en catamaranes.

La historia cuenta que el lago fue descubierto por los jesuitas en 1670, cuando buscaban un camino hacia la actual pampa argentina, pero que quedó en el olvido luego que abandonaran su misión en 1718.

El lugar fue “redescubierto” en el siglo XIX, cuando fue avistado desde el Volcán Osorno por un grupo de montañistas.

El lago está rodeado de bosques vírgenes, aunque también existen terrenos que fueron comprados por algunos millonarios chilenos para construir lujosas casas de descanso y navegar en yates por las aguas del Todos los Santos.

Debido a las características geográficas del lago, las lujosas residencias deben cumplir con exigentes normas de construcción y, por ejemplo, contar con generadores propios de electricidad, algunos de los cuales aprovechan las numerosas caídas de agua de la zona para producir energía limpia y sustentable.

De esa forma, el sur chileno intenta proteger sus atractivos turísticos naturales, en tiempos donde muchas veces el hombre y la modernidad buscan llegar con sus avances a los lugares más inhóspitos y romper con el paisaje surgido hace miles de años de mano de la madre naturaleza para el gozo de quienes pueden llegar a esta zona de Chile.


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