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Volcán Osorno, la aventura de la nieve para todos en Los Andes

El invierno chileno no sólo regala por estos días lluvia, fuertes vientos y un inclemente frío, sino también la belleza de la nieve

El invierno chileno no sólo regala por estos días lluvia, fuertes vientos y un inclemente frío, sino también la belleza de la nieve que se deposita en las altas cumbres de la Cordillera de Los Andes.

Los aficionados al esquí, tanto chilenos como extranjeros, pueden ya gozar de la mayoría de las canchas que existen en este país, una de las cuales se ubica en los faldeos del Volcán Osorno, en la Región de Los Lagos, distante unos mil kilómetros al sur de Santiago.

Si bien la idea de subir un volcán para bajarlo a bordo de esquís puede sonar en un primer momento una aventura de máximo peligro, éste se disminuye al mínimo al saber que su última erupción ocurrió en 1835, por lo que el peligro en esa materia es casi nulo.

No ocurre lo mismo con su vecino Calbuco, distante unos cuantos kilómetros de distancia que hizo erupción el año pasado con lo que provocó graves daños a la infraestructura y la agricultura de la zona lacustre.

Durante la ascensión del Osorno, primero en vehículo y luego en andarivel en dirección a la cumbre, el Calbuco puede ser visto en toda su extensión, incluso con una leve fumarola que recuerda la gran actividad que presentó en 2015.

Es el comentario obligado de los turistas, la mayoría de los cuales dirigen sus cámaras fotográficas y de video hacia la cumbre del vecino volcán.

Algunos dependientes del restaurante que se ubica a medio camino de la cumbre comentan que hay personas que graban por horas el Calbuco a la espera de una nueva erupción, algo que los expertos comentan podría suceder en cualquier momento.

Sin embargo, el Osorno -de dos mil 652 metros de altura sobre el nivel del mar- es la “estrella turística” de la zona, con la tradicional forma cónica de su cumbre, la suave pendiente de sus laderas y la abundante nieve en su cumbre que le confiere una particular belleza que se une al Lago Llanquihue, en las cercanías.

La postal de la zona, sin duda, es la fotografía del lago, uno de los más extensos de este país sudamericano, con el volcán Osorno de fondo, a lo que se suman los bosques siempre verdes aledaños al macizo, el cual puede ser visto desde cualquier punto de la provincia de Osorno.

La ascensión contempla subir por dos andariveles hasta las cercanías de la cumbre, cuyo acceso se encuentra cerrado para el turismo debido al peligro que revierte la nieve recién caída en la zona, la cual tapa las profundas grietas que tiene el volcán inserto en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.

Cientos de turistas suben cada día el Osorno no sólo para descender en esquís, sino para apreciar la belleza natural del sur chileno y jugar con la nieve en las cercanías de la cumbre y en los lugares habilitados para luego bajar por el mismo andarivel.

Algunos osados, en su mayoría adolescentes, arriendan deslizadores que les permiten bajar a cierta velocidad por circuitos especiales de nieve, en una diversión que no excluye a quienes no saben la técnica del esquí.

De esta forma, la nieve se convierte en un atractivo para todos, esquiadores y amantes de la aventura, los que pueden gozar de un paseo invernal enmarcado en la inigualable belleza del sur chileno.


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