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Con bailes y fuegos pirotécnicos Japón honra a sus muertos en verano

La celebración para recibir a los ancestros incluye reuniones en plazas públicas y desfiles con carros alegóricos

Verano es la época en que por tradición, en medio de bailes, comida típica y fuegos artificiales, los japoneses celebran el “Matsuri Obon”, su Festival de los Muertos, que culminará este fin de semana.

Aunque la festividad ligada a honrar a los antepasados se celebra a mediados de agosto, cada fin de semana del mes, en cualquier lugar de Japón es común vivir un “matsuri”, fiesta tradicional desde hace unos 500 años.

La celebración para recibir a los ancestros incluye reuniones en plazas públicas y desfiles con carros alegóricos acompañados de una peculiar caravana, una especie de comparsas, para mostrar el “Bon-Odori”, danza tradicional para la temporada.

En medio de un clima cálido, mujeres de todas las edades, vestidas con coloridos “yucatas” (kimonos para el verano, de fácil colocación) bailan en círculo en torno a una “yagura” (torreta), en cuyo centro suena un “wadaiko”, como llaman al tambor japonés.

Es la forma en que los japoneses honran a sus muertos, pero que también aprovechan para agradecer por la salud y las cosechas de medio año, para disfrutar las calurosas tardes y noches del verano.

Las actividades relacionadas con el “Matsuri Obon” son concurridas, pues además coinciden con las vacaciones del verano de los estudiantes japoneses.

Por la noche, la mayor atracción la constituyen los fuegos artificiales, para deleite de los asistentes a parques y sitios públicos, como el puerto de Nagoya.

Durante la festividad del Matsuri los japoneses cumplen también un rito íntimo y más familiar, sin tener rasgos de religiosidad.

Frente al “Butsudan”, espacio con símbolos budistas de protección, y común en templos y hogares de Japón, flores blancas, amarillas y moradas resguardan la ofrenda para propiciar la visita de sus ancestros.

Un pepino, sostenido con cuatro palillos a manera de patas, simboliza el caballo que facilitará la rápida llegada de las almas, y una berenjena acomodada de igual manera, la vaca que a paso lento favorece el tranquilo regreso hasta la morada de los espíritus.

Es una festividad, y como tal, en las tardes y noches cálidas la población degusta "kakigôri", hielo raspado bañado de dulce de sabores; "tamasen", galleta de arroz rellena con huevo, salsa de okonomiyaki y queso; y “ringoame", manzana caramelizada; y además bebe cerveza.


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