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Latino realiza con éxito dos trasplantes de cara en EUA

Realizó en un lapso de cuatro años los dos mayores trasplantes de cara en la historia de la medicina

Eduardo Rodríguez, hijo de inmigrantes cubanos, realizó en las ciudades de Baltimore y Nueva York en un lapso de cuatro años los dos mayores trasplantes de cara en la historia de la medicina, y ambos de sus pacientes viven ahora una vida normal.

Sus pacientes, Patrick Hardison, operado el año pasado en el Centro Médico Langone, de la Universidad de Nueva York (NYU), y Richard Lee Norris, intervenido en 2012, gozan ambos de una buena salud pese a los retos que supone recibir un trasplante de órgano.

“Ese fue un caso que de verdad cambió la historia del trasplante de cara porque la mayoría vieron el resultado de Richard Lee Norris luego de seis días de su procedimiento como algo que no se había hecho anteriormente”, aseguró Rodríguez.

En entrevista en una de sus oficinas de Nueva York, Rodríguez explicó que Norris recibió un trasplante que incluyó desde el cuero cabelludo hasta el cuello, incluyendo la parte central de la cara, los dientes inferiores, la mandíbula y la lengua.

Cuatro años más tarde, ya en Nueva York, Rodríguez se hizo cargo de lo que él considera “un caso único”, el de Hardison, quien luego del accidente en que perdió el rostro fue sometido a más de 70 operaciones pese a las cuales él aún se describía como una personas que “no era normal”.

“El caso de Patrick es único no sólo porque tuvo quemaduras de la cara completa, del cuero cabelludo y de los párpados, sino que para poder restaurarlo iba a ser un caso tan complejo que iba a necesitar una restauración de la cara completa”, señaló Rodríguez.

El médico resaltó que uno de los procedimientos particulares realizados en el caso de Hardison fue el trasplante de párpados, que con anterioridad se había ejecutado en su mayoría en personas ciegas. En un caso similar de 2007, el paciente había muerto tras contraer una infección.

“En la comunidad de cirujanos y científicos pensamos que era un poco agresivo intentar un tipo de procedimiento donde ya un grupo de cirujanos con mucha experiencia había fracasado, pero para poder lograr esa operación organizamos un equipo en Nueva York”, afirmó Rodríguez.

La práctica previa a la cirugía de Hardison incluyó ensayos en cadáveres a fin de refinar el procedimiento, así como el uso de rostros de personas recién fallecidas que habían consentido en donar sus órganos. El éxito de la operación, no obstante, fue apenas el primer paso.

“En la práctica de cirugía médica y reconstructiva no podemos garantizar la responsabilidad del paciente de tomarse sus medicinas. Hay que recordar que estos dos pacientes deben tomar medicinas inmunosupresores por el resto de su vida si no van a tener rechazo de trasplante”, dijo.

Otros de los retos es ayudar al paciente a readaptarse a la sociedad, luego de años en que se han retraído de la vida pública por su aspecto. Hardison, por ejemplo, pasó 14 años de su vida sin rostro, sólo con tejido capilar adherido a los músculos de su cara.

“Le hemos dado cierta independencia en su vida. Le removimos la traqueotomía y el tubo en el estómago por donde obtenía su nutrición principal. Y al quitarle esos aparatos uno ayuda a que desarrollen su independencia”, sostuvo Rodríguez.

El médico subrayó que aunque los trasplantes podrían popularizarse en algunos años hace falta aún mejorar la precisión de los medicamentos inmunosupresores, que pueden en el mediano plazo dañar órganos vitales, como los riñones.

Isabelle Donoire, quien fue la paciente receptora del primer trasplante de rostro en la historia, realizado en 2005 en Francia, murió este año por complicaciones de su operación y reacciones a los poderosos medicamentos inmunosupresores.

“El trasplante es una arma muy fuerte, y no puede usarse en todos los pacientes. No todos los pacientes se van a beneficiar de este tipo de procedimientos”, aseveró Rodríguez. De los 38 pacientes a quienes se ha realizado trasplante de cara en la historia, seis han muerto.

Por ello, puntualizó Rodríguez, el procedimiento es particularmente riesgoso en niños, de los que se puede reducir su expectativa de vida de manera dramática, en especial si no siguen el riguroso régimen de medicamentos.

La habilidad de Rodríguez como cirujano ha sido reconocida internacionalmente, y ahora contempla a dos o tres pacientes que potencialmente podrían recibir un trasplante de rostro. No obstante, el médico de padres cubanos, desestima que él posea habilidades extraordinarias.

“Para mí, siendo hispano, estar envuelto en este tipo de procedimiento me da mucho orgullo, y la razón es que me da la oportunidad de decir a todas las personas jóvenes que tienen interés en llegar a un lugar que crean que es inalcanzable que todo es posible”, enfatizó Rodríguez.


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