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José Sánchez del Río, de “niño cristero” a santo “héroe” mexicano

“Niño cristero”, se convertirá en el santo mexicano más joven de la historia

El próximo domingo José Sánchez del Río, conocido como el “niño cristero”, se convertirá en el santo mexicano más joven de la historia, tras ser reconocido por conducirse con valentía “heroica” hasta la muerte, pese a su corta edad.

Cuando Francisco pronuncie la fórmula oficial en latín, “Joselito”, como lo conocían cariñosamente sus familiares y amigos, será elevado al honor de los altares, reconocido como mártir y será propuesto como un modelo para los jóvenes del mundo.

La ceremonia de canonización de él y otros seis beatos, entre ellos el cura “gaucho” argentino José Gabriel Brochero, está prevista para las 10:30 horas locales (09:30 GMT) del próximo domingo en la Plaza de San Pedro.

Nacido el 28 de marzo de 1913 en la localidad de Sahuayo, en el central estado mexicano de Michoacán, Sánchez del Río ingresó a las tropas católicas que se enfrentaron al ejercito del presidente Plutarco Elías Calles dando vida a un conflicto interno conocido como “Guerra Cristera” (1926-1929).

“No me agrada mucho que le digan niño mártir porque no era un niño, era un adolescente maduro y le faltaba un mes y medio para cumplir 15 años”, explicó Fidel González, postulador (abogado defensor) de la causa de Sánchez del Río, en entrevista con Notimex.

El sacerdote, que condujo ante el Vaticano la causa de canonización, aclaró que un muchacho 15 años de esa época correspondería, desde un punto de vista psicológico, a un joven de 18 años en la actualidad, por “la madurez humana”, la conciencia que tenía en el “sentido de la libertad” y “la responsabilidad”.

Precisó que desde los 12 años, Joselito tenía certeza sobre su decisión de defender su credo y lo demostró incluso durante los interrogatorios bajo tortura que precedieron su martirio.

Recordó que la familia de Joselito no era pobre, tenía recursos como bienes y terrenos y por eso el político local, Rafael Picazzo (amigo de la familia y padrino de comunión del propio muchacho), le pidió cinco mil pesos en oro para liberarlo.

Cuando el muchacho se enteró dijo: “¡Mi fe no está en venta!”.

“Después de la terrible tortura de desollarle los pies, picarle todo el cuerpo con verduguillos para que no muriera sino que sufriera y de romperle la mandíbula con la culata de un fusil, él seguía gritando viva Cristo Rey, viva la Virgen de Guadalupe”, destacó.

“Su muerte fue un acto heroico, porque cuando matan el caballo de su comandante en una emboscada, él le ofrece el suyo porque el joven le dijo que era más importante él como militar. Al ser capturado sabía que lo iban a matar”, agregó.

Contó que Picazzo (autor intelectual del crimen) al final de sus días, mientras viajaba en tren desde México a Sahuayo, fue acuchillado; ya moribundo pidió un sacerdote, un viajero se levantó, se identificó como clérigo y le administró la absolución.

Mientras que los autores materiales de la tortura y crimen de Joselito, años después reencontraron la fe en Sahuayo, de donde eran originarios. Así expiaron una culpa que no se podían quitar, añadió.

“Desde el principio la gente lo consideró un mártir, de Cristo y de los derechos humanos. Por eso recogieron la arena con la sangre de sus pies y organizaron procesiones a su tumba, por eso no fue difícil realizar su proceso de canonización”, aseveró González.

“Fue un ejemplo sublime de madurez humana y cristiana. Su historia nos demuestra que el diablo está vivo y tiene un ‘cuerpo místico de quienes se adhieren a Satanás, cuyo interés es ‘deshumanizar a la persona porque, deshumanizándola, desfiguran el rostro de Dios”, sostuvo.


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