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Fábrica preserva elaboración del sarape original del Saltillo

Su fabricación inició con la llegada de los tlaxcaltecas

El sarape de Saltillo es una prenda valorada en México y a nivel mundial por sus finas características, colores y tonos, que representan lo árido de esta región, así como sus amaneceres y atardeceres.

La prenda, que se ha fabricado en muchas regiones del país, con la llegada del telar por parte de los conquistadores españoles a México, logró resaltar principalmente por dos transformaciones en los últimos siglos, luego que desde 1591 fue traída por parte de los tlaxcaltecas que acompañaban a los españoles.

Pablo Esteban Mendoza Oyarzábal, dueño de la última fábrica familiar que confecciona el sarape de Saltillo, destacó que el origen de esta prenda ha sido muy singular.

Su fabricación inició con la llegada de los tlaxcaltecas, cuando por tradición realizaron aquí los primeros sarapes, como era costumbre en el sur de México de donde provenían.

“El tlaxcalteca suele asentarse y empieza a hacer sus tejidos para vivir como tal y hacían el sarape de cintura.

“El sarape de cintura era prácticamente lo que es el tamaño de la cintura de una persona, era el ancho que tenía y para usarlo como una tilma, tenían que juntar dos y coserlos en la mitad”, señaló.

Con la llegada de los españoles a esta región, llegó también el telar, la lana de borregos y los tintes, los indios tlaxcaltecas comenzaron a trabajar el sarape en esta ciudad, donde plasmaban en sus creaciones lo que veían en este nuevo entorno árido y desértico.

“Acá en el norte, lo que se encontraron es que había una luminosidad en el cielo muy espectacular, porque aquí, los atardeceres y los amaneceres del desierto son muy brillantes y los colores destacan.

“La poca vegetación que había era muy contrastante, porque había muy pocos verdes, las arenas y los cafés, los marrones de la tierra o cuando llovía eran muy específicos. No había muchísima variedad, pero sí había sus diferentes tonos”, refirió.

Mendoza Oyarzábal afirmó que al ser esta región un lugar caluroso por el desierto, a diferencia de sur del país, el sarape se empezó a elaborar con un hilo más delgado y fino, lo que permitió darle más color y brillantez al tejido y reflejar así, de mejor manera, las diferentes tonalidades del cielo y de la Tierra.

Destacó que el mote de “Sarape de Saltillo” se logró durante los años 1600 y 1800 cuando esta localidad era un centro importante de comercio al norte del país, cuando los estados de Texas, Nuevo México, Arizona y California aún le pertenecían a México.

“El centro del país era el punto importante, hacia occidente fue Guadalajara el centro del comercio, hacia el sureste fue Oaxaca y hacia el norte fue Saltillo”, explicó.

Por lo cual, al momento de pedir sarapes para otras entidades más al “norte del país”, se referían a traer los “sarapes de Saltillo”, acotó.

Apuntó que en ese tiempo, esa especie de frazada de lana que se comercializaba al norte del país eran de diferentes regiones del territorio nacional, así como los que ya se fabricaban en esta ciudad.

Sin embargo, apuntó, los creados en esta ciudad empezaban a destacar por sus diferentes características a las del sur del país.

“Obviamente, el sarape de Saltillo era más hermoso, más bonito”, subrayó el empresario, pues ya se fabricaba con un hilo de lana de mayor calidad y finura, además de incluir el diamante que está al centro del sarape y el cual era una distinción muy importante para los españoles.

“El diamante como tal significa riqueza, significa poder y también, en un momento determinado, si el español se ponía ese sarape, podía significar que era una representación de la encomienda que le daba el virrey”, además de ser de lana, la cual sólo era utilizada por las personas más acaudaladas de ese tiempo.

Destacó que la segunda transformación del sarape ocurrió aún en el siglo pasado, cuando se le empezó a integrar los difuminados en los tonos con los que se realiza esta prenda, y que le permitía todavía más reflejar los colores del cielo y la Tierra, sus atardeceres, amaneceres y los tonos de la vegetación del desierto de Coahuila.

“Se hizo como un clásico, entonces ya teníamos el diamante, los amaneceres y atardeceres, también para dividir los sarapes, dependiendo del tejedor.

“Se le ponían unas franjas que se llaman cenefas, las cuales tienen el fondo amarillo, recordando que la bandera española era amarillo y roja, porque se le ponían en esa parte las flores”, señaló.

Refirió que en las cenefas destacaban las rosas por su belleza, elegancia y nobleza.

Además del clavel que significa la pasión el amor, la sangre, también la flor del desierto, típica en esta región y la cual significa la perseverancia, al ser una flor que sólo crece cuando llueve y muere al dejar de haber humedad y volver a nacer en otra temporada.

“Ya teníamos las distinciones del sarape de Saltillo, lo que es el diamante, las sombras y las flores; asimismo, para llevarse los sarapes al extranjero se les puso el pabellón o lo que es la bandera de México, que son los colores que simbolizan la bandera nacional y que son el verde el blanco y el rojo.

“Éstos que se les pone al principio y al final del sarape y entre las cenefas”, añadió.

Todas estas distinciones y su transformación a través de los últimos siglos han permitido que el sarape de Saltillo consiga su propia distinción, la cual ha sido reconocida en diferentes épocas y usada por familias de la nobleza, que incluían en su tejido sus heráldicas así como artistas y familias adineradas.

El sarape, que en náhuatl significa manta para cubrir, es usado de diferentes formas, ya sea como cobija o colcha, de sobremesa, como adorno en las paredes o el tradicional de cubre cuerpo.

Refirió, además, que en diferentes épocas, se puso de moda incluir imágenes de famosos pintores o de hilos de plata en el “sarape Maximiliano”.

Asimismo, tejer dibujos de animales o el cubismo, sin embargo, no han prevalecido, y el diamante sigue siendo en Saltillo la figura principal.

Afirmó que en la década de los 90 se inició el cierre de la mayoría de las fábricas de sarape, siendo “La Favorita”, en el 2004 la más reciente, por lo que la fábrica familiar que dirige y que existe desde 1918, es la última que está dedica a crear los sarapes originales de la capital coahuilense.

Destacó, además, que existen esfuerzos por parte del gobierno del estado para continuar esta tradición con la Escuela del Sarape y la cual intenta impulsar a los jóvenes a continuar con este arte, además de buscar que se le designe al sarape de Saltillo, la denominación de origen, como icono de esta ciudad de Coahuila y de México.


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