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Grutas de Coconá, majestuosidad en el centro de la Tierra

Ese centro ecoturístico tabasqueño tiene una extensión de 442 hectáreas, posee un arroyo subterráneo y un cenote

La majestuosidad de la naturaleza se manifiesta desde el centro de la Tierra a través de las Grutas de Coconá, área protegida de este municipio, que en sus ocho cavernas alberga los más hermosos paisajes geológicos que datan de millones de años.

A sólo hora y media de Villahermosa, Tabasco, y a dos kilómetros de la cabecera municipal, en la Sierra Madre del Sur, el Centro Ecoturístico Grutas de Coconá está conformado por espectaculares formaciones de estalactitas y estalagmitas.

Tiene una extensión de 442 hectáreas, pero se recorre apenas medio kilómetro de sendero a una profundidad máxima de 60 metros. Posee un arroyo subterráneo y un cenote.

Las Grutas de Coconá fueron descubiertas en 1876 por los hermanos Rómulo y Laureano Calzada, cuando intentaban cazar a un venado. El poeta tabasqueño, Carlos Pellicer Cámara, fue uno de los primeros en explorarlas, al igual que el naturalista, José Narciso Rovirosa Andrade. El 24 de febrero de 1988 se decretaron Monumento Natural.

La grutas se dividen en ocho salones o cavernas: Los fantasmas, Boca de león, La calabaza, Tres colas de serpientes, La regadera, Cenote de los peces ciegos, Mujer sin cabeza y La gran bóveda.

Debido al calor que llega a sentirse en el interior, antes de ingresar se recomienda a los turistas usar ropa cómoda y fresca, así como tenis o zapatos antideslizantes; traer lámpara y no padecer problemas de claustrofobia ni de presión arterial.

Entre la vegetación de cacao, castaña, guanábana, limón y coco, un mono saraguato hace sentir su presencia mediante un apabullante aullido, y ya en el interior, los murciélagos dan la bienvenida con las emisiones de su característico sonido.

Es el inicio de un paisaje de figuras que los lugareños han denominado con diversos nombres, según la forma que con los años va adquiriendo la roca.

Primero se conoce al “Monje rezando”, después a la “Iguana”, a “La mandíbula del tiburón”, y más adelante a “La muela del juicio”, “La serpiente”, “El cacahuate gigante” o “Racimo de plátano” y “La boca del león”.

“Las cavernas son de primer nivel, lo que significa que otorgan las facilidades para ser recorridas por los visitantes. Es decir, tienen pasillos, luces y no hay obstáculos técnicos. Las de tercer nivel sólo son visitadas por expertos y estudiosos”.

“Las de Coconá tienen dos etapas de vida, la joven y la vieja. Las que son jóvenes tienen agua, las viejas ya no”, explicó el guía de turistas, Carlos Esquivel, durante el recorrido que Notimex hizo como parte de la Ruta Aventura en la Sierra que organiza la Oficina de Convenciones y Visitantes de Tabasco (OVC).

Las formaciones de abajo hacia arriba se llaman estalagmitas y las de arriba hacia abajo se denominan estalactitas. Si filtran de manera permanente, llegan a crecer hasta un centímetro cada 100 años.

“Las estalagmitas crecen 1.4 centímetros y cuando se unen, se les llama columnas o pilares”, indicó al tiempo de mostrar con la luz de la lámpara a una “Gallina sin cabeza”, mientras que desde arriba yacía una decena de murciélagos hechos bolita.

“Dentro de la caverna habitan tres especies de estos mamíferos. Los que están aquí son adultos e insectívoros. Una colonia se compone de 100 mil y consumen una tonelada de insectos en una noche; un solo murciélago puede comer hasta mil 200 insectos en una hora”, indicó.

“¿Alguno de ustedes tiene una moneda que me preste y en un momento se la devuelvo?”, preguntó Carlos Esquivel para mostrar el sonido que emite “La marimba”, formación de estalactitas de bandera. A su lado se encuentra “La roca que llora”, pues arriba no hay agua que le caiga, toda brota dentro de ella a través de sus poros.

Luego de 15 minutos de caminata, “Santa Claus” sonríe a lo lejos, mientras se ilumina la “Iglesia pequeña con cúpula” y los “Tres reyes magos” suben una montaña.

La oscuridad se torna más intensa al bajar seis escalones, incluso, la temperatura cambia, se siente más calor y se antoja nadar en la llamada “Fuente de la juventud”, una pileta de agua cristalina a la que se atribuyen poderes rejuvenecedores.

Al recorrer el pasillo misterioso, observados por un gran “elefante” y el típico “pejelagarto” de la región, Carlos Esquivel relata que alguna vez, la caverna tuvo una corriente de agua que comunicaba con un río.

Ahora posee el lago llamado “El cenote de los peces ciegos”, que tiene una profundidad de 35 metros y 25 de diámetro. Ahí se encuentran los peces ciegos. Debido a que no han visto la luz, se les formaron cataratas en los ojos y por eso, no ven. Los más grandes llegan a pesar cuatro kilos.

“Cuidado, ahí hay murciélagos”, advierte el guía, al tiempo que el “tiburón” de perfil vigila el horizonte milenario y un “indio” observa a una “mujer sin cabeza, pies ni manos” que al definirse así, desata las carcajadas de los visitantes.

Cuando el sudor ya es constante, pues en lo más profundo la temperatura se eleva hasta 45 grados, se ingresa al penúltimo salón donde hace tiempo se hallaron los restos de un mamut, mismos que fueron llevados al Museo de Antropología e Historia de la Ciudad de México, para ser analizados y expuestos.

La gran bóveda es la última caverna, tiene 20 metros de alto y 30 de ancho por 63 de largo. Al fondo se ve la “mazorca de elote colgando” y enfrente están las “iguanas platicando” junto a la “Torre de Babel” y “las manos de un clavadista”.

El recorrido concluye con la laguna de Coconá, cuya profundidad es de cinco metros, una cascada y la imagen retocada de un Cristo, frente a que todos se persignan.

Hace tiempo, en las Grutas de Coconá había un espectáculo de luz y sonido que se mantuvo por cinco años, pues debido a la inundación de 2010, los aparatos se echaron a perder y a la fecha no han sido repuestos.

De acuerdo con el guía de turistas, al mes acuden unos mil visitantes provenientes de México y de diversos países. El precio de entrada es de 50 pesos para adultos y 25 para niños, estudiantes y gente del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam). El horario es de lunes a domingo de 9:00 a 17:00 horas.


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