Cultura

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Mujeres calvillenses adoptan ancestral deshilado en sus ratos libres

El hilado es una laboriosa y fina artesanía elaborada en Aguascalientes desde hace varías generaciones

Como una tradición heredada de una generación a otra, las manos de las mujeres calvillenses mantienen la creación de arte en tela denominado deshilado, trabajo que realizan en sus ratos de descanso, para convivir y muchas veces en busca de un ingreso económico.

Las diversas técnicas de esta laboriosa y fina artesanía, que requiere de mucho trabajo y que forma parte del patrimonio cultural del estado, son enseñadas por las abuelitas a las generaciones que les siguen como parte de un tesoro tradicional que caracteriza a las aguascalentenses, especialmente de este municipio.

“Aquí todas sabemos deshilar, coser, bordar y hacer encajes porque nos enseñan nuestras mamás y a ellas sus mamás. Nos gusta seguir esta tradición”, afirmaron a María del Rosario Faustro Reyes y su hija, María Luisa.

Para estas artistas del deshilado, su labor es muy bonita porque les llena de orgullo saber que sus prendas son apreciadas por muchos turistas nacionales y extranjeros, así como por la gente que visita este municipio.

A decir de Faustro Reyes, la maestría familiar le fue heredada desde muy pequeñita, y desde los 12 años elabora prendas que le dejan dinero.

“Empecé a coser con mis tías, mi mamá, mis hermanas, mis vecinas y ahora lo hago con mi hija”, señaló la mujer de más de 60 años.

Indicó que por muchos años vendió sus creaciones a personas que las llevaban a comercializar a otros lugares del estado y del país, pero ahora ella misma las vende junto con su hija, en un puesto que instalan los fines de semana para ofrecerlos a turistas que visitan Calvillo.

“Me enseñé primero a hacer bastillas, pegando cordón con vainica, entre más cosía más aprendía, aunque me rendía el tiempo para hacer rápido los deshilados. Ahora me pongo a coser cuando termino mi quehacer y acabo hasta que ya no miro durante seis o siete horas diarias”, destacó.

Por su parte, María Luisa comentó que también desde muy niña le pidió a su mamá que le enseñara a deshilar. “Le decía quiero aprender a perfilar, a hacer bastillas, tenía como ocho años y lo hago con mucho gusto y aunque no vivo de esto me distrae y claro gano mi dinerito”, dijo sonriendo.

Añadió que hay prendas que le llevan mucho tiempo, incluso hasta dos meses, como un rebozo deshilado que lo vende en mil 200 pesos.

“Vendemos más bien lo barato, pero hay gente a la que le gustan las cosas caras y nos pagan nuestro trabajo”, recalcó.

Explicó que son diferentes las técnicas de deshilado que practican como perfilado, presilla, calado, filigrana, punto nevado y el llamado jesusito, entre otras.

“Algunas son más difíciles y requieren de más experiencia, pero todas las sabemos hacer porque nos gusta, nos da mucha paz esta labor, que para mí no es trabajo”, aseguró.

Camisas para bebés, blusas para dama, guayaberas, rebozos, servilletas, pañuelos, son algunos de las prendas que venden en el centro de Calvillo las artesanas María del Rosario y su hija, quienes forman parte del grupo de mujeres del lugar que heredaron esta bella labor y que buscan preservar.

También reconocieron que aunque es una actividad que tradicionalmente ha estado en manos de las mujeres, sí hay hombres que saben deshilar y que además “son bien hechos”, muchos se vieron forzados a hacerlo por la falta de trabajo en épocas difíciles.

De acuerdo con la historia y leyendas del deshilado, ésta es una actividad que trajeron mujeres europeas a estas tierras, misma que se enriqueció con la técnica prehispánica de las lugareñas, y se ha propagado de madres a hijas como parte de la idiosincrasia del calvillense.


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