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Niños de Tlahuitoltepec, Oaxaca, llevan la música en la sangre

La música es parte de su vida diaria y una inquietud que se siente desde el vientre materno

El ajetreo inicia: niños y niñas corren de una habitación a otra en busca de instrumentos musicales y desgastadas partituras. En tan solo unos instantes, la música de banda comenzará a impregnar el ambiente de Santa María Tlahuitoltepec, pueblo donde la música se lleva en la sangre.

Para los habitantes de esta comunidad enclaustrada en el norte de la Sierra Mixe, la música es parte de su vida diaria y una inquietud que se siente desde el vientre materno, que se desea desde pequeño y se vive cuando se tiene edad para poder tocar un instrumento.

En entrevista con Notimex, el secretario de la Escuela de Música Municipal, Dagoberto Pérez, destacó que Tlahui en la región es famoso por sus músicos, quienes comienzan su formación desde pequeños, y éstos tienen muy presente que pertenecer a la banda de música del pueblo es todo un honor que se lleva con disciplina y mucha pasión.

“La música es una disciplina que ellos van adquiriendo, pero aparte es una cuestión cultural porque para nosotros es muy importante ya que es parte de nuestro entorno. Las fiestas sin música para nosotros como pueblo, es como si no hubiera vida”, explicó.

La quietud de la sierra que acoge a este poblado está a punto de verse vulnerada, ya que son las cinco de la tarde y una decena de niños y niñas, con rostros alegres, vienen bajando de la montaña al centro donde se encuentra la “escuelita municipal de música”.

En el improvisado salón, que en realidad es la construcción a medio terminar de un mercado, 15 niños y niñas entran y salen apurados en búsqueda de instrumentos como trompetas, platillos y tambores, los cuales han sido adquiridos o donados a la institución.

Al tomar asiento en los desgastados pupitres de madera, los inocentes rostros ahora se tornan serios y aunque no ha llegado el profesor, los infantes han comenzado a ensayar, con lo que demuestran que su amor por la música es tal, que no necesitan que alguien los presione para estudiar.

“El estar aquí es una pasión que tienen y, como todo, a veces los niños dejan de venir por equis motivo y a veces los papás quisieran traerlos a la fuerza, pero esto no ha funcionado así, a la mayoría les apasiona, les gusta estar aquí, les gusta la música y se nota porque mueren por tener un instrumento”, resaltó Dagoberto.

Cada uno de los 140 alumnos de entre 6 y 14 años que vienen a estas instalaciones tienen la ilusión de algún día pertenecer a la banda de música y trasladarse a comunidades cercanas para tocar en alguna fiesta del pueblo, boda o cumpleaños, o sí tienen suerte, poder viajar a otro estado.

“Lo primero que se hace es una convocatoria y los niños que se apuntan se les proporciona un salón, donde el maestro empieza las clases con las notas, lo que todo músico debe saber; van avanzando en sus lecciones y el maestro es el que decide que niños son los idóneos en ese momento para poder otorgarles un instrumento”, dijo.

Es por ello que para hacer más sencillo el manejo y la educación de los infantes, la escuela divide cada año las clases en tres niveles: principiantes, intermedio y avanzado.

En el primero los niños aprenden las notas musicales y a leer las partituras; en el intermedio, de acuerdo a sus capacidades y edad, se les otorga un instrumento, el cual será su tesoro más preciado durante toda su formación; los avanzados por su parte, son los que gracias a su disciplina, forman parte de la banda de Tlahui.

“El avanzado es el que toca piezas difíciles que a lo mejor implica música clásica, de banda, los sones y son los que ya tocan en las fiestas”, resaltó.

Con la alegría y entrega que la caracteriza, la banda de música de Tlahui es la encargada de ambientar las tres fiestas del pueblo, la de agosto, la de diciembre y la de mayo, así como celebraciones particulares como bodas y bautizos donde la comunidad echa la casa por la ventana.

“También participan en los demás pueblos donde nos invitan. Por ejemplo, en la comunidad hermana de Tamazulapa fueron en agosto, ellos tocan toda la fiesta que dura cinco días y se regresan y no reciben paga ni nada, entonces quien gana ahí es la comunidad, porque la banda de Tama viene en diciembre y es una forma de pagar”, apuntó.

En este sentido, Dagoberto explicó que cuando la banda de alumnos de nivel avanzado no puede ir, es la de intermedio la que acude a los eventos en donde no sé les paga monetariamente, pero sí se les brinda comida y bebida.

Son las 5:15 de la tarde y la calma de Tlahui se ve mermada por el júbilo de las melodías que resultan de los instrumentos del grupo de nivel intermedio que se encuentra tocando en el salón.

El pequeño Axel Manuel, de 9 años, es uno de los que se encuentra en la clase y aunque se nota que el esfuerzo que realiza por soplar la boquilla de la trompeta es inmenso, sus pequeños brazos la sostienen con aplomo y seguridad.

“Yo toco la trompeta porque me parece fácil y mi mamá me enseñó a tocarla cuando tenía seis años, mi mamá toca el clarinete”, mencionó.

Proveniente de una familia humilde de campesinos y músicos, ya que además de su mamá, su papá y su hermano también tocan un instrumento, Axel con sus zapatitos rotos y su rostro inocente no duda en responder cuál es el mayor sueño de su vida: “Quiero ser músico y poder tocar en Bellas Artes”.

Para poder realizar su anhelo, de lunes a viernes Axel, al igual que los demás niños y adolescentes que vienen a la Escuela de Música, camina los largos y peligrosos trechos de la Sierra, con el único objetivo de aprender y disfrutar la disciplina que le han infundido sus padres y la comunidad.

“Hay algunos niños que sus papás son profesionistas entonces a lo mejor esos papás si les inculcan a sus hijos; pero también hay otros que no tienen esa `cultura´, pero aun así llevan la música en la sangre y se las inculcan y creo que esto se debe a que hay músicos que han sobresalido de esta comunidad.

“O que le pueblo es reconocido porque tiene buenos músicos y aparte de que algunos muchachos están en la orquesta de Sinaloa y son muchachos que tienen buena calidad musical”, detalló Dagoberto.

Al observar a estos niños y adolescentes tocar y entregarse al conocimiento musical con la pasión que lo hacen, pasando su tiempo libre en este espacio, en lugar de estar jugando o entregados al ocio, es notorio el empeño que esta comunidad ha puesto en la formación de sus infantes.

“En lugar de estar viendo la tele o jugando con el celular, claro los que tienen esa posibilidad, el tiempo que ellos tienen lo dedican a la música porque aparte tienen sus obligaciones de ir al campo, de ir a limpiar el maíz, de ir a traer la leña, actividades que también son parte del pueblo”, destacó.

Por otra parte, Dagoberto manifestó que la Escuela Municipal de Música de Tlahui es un servicio al pueblo, donde a los únicos que se les paga es a los tres maestros que tiene, ya que los encargados de ella que con él son seis personas, brindan sus servicios gratuitos a través del tequio.

“Tequio es trabajar sin dar nada a cambio, sin dar algo monetario a cambio, es decir si vamos a abrir un camino en la carretera tenemos que ir todos, tenemos que ir todos a abrir ese camino y nadie nos va a pagar entonces digamos que ese es el tequio hacer un servicio gratuito que es parte de nuestra cultura”, señaló.

Escuchando a Axel interpretando con su desgastada trompeta su melodía favorita “Son Calenda” y el mensaje que dedica a todos los niños que tienen la inquietud de estudiar música, es palpable porque está comunidad es cuna de gente talentosa y solidaria; “esto es bonito y todos pueden, si se quiere”, dice el pequeño con una sonrisa en su rostro.


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