Francisco el Papa de la Fe

Regalar un “Parachico” al Papa Francisco, deseo de artesano chiapaneco

En diciembre pasado tuvo la oportunidad de conocer de cerca, en El Vaticano, al Papa Francisco, ahora quiere repetir la historia, por ello, el artesano Rosel González Montoya, labra un “Parachico” que desea regalar al Sumo Pontífice durante su visita a Chiapas.

En diciembre pasado tuvo la oportunidad de conocer de cerca, en El Vaticano, al Papa Francisco, ahora quiere repetir la historia, por ello, el artesano Rosel González Montoya, labra un “Parachico” que desea regalar al Sumo Pontífice durante su visita a Chiapas.

En su taller conocido como “Los Montoya”, el artífice dedica tres horas diarias para transformar con la destreza de sus manos y la ayuda de las gubias un pedazo de madera en la imagen de un “Parachico”.

Desde noviembre pasado Rosel talla el tronco de cedro, que ya tiene rostro, pero falta detallar cada parte y darle color, mucho color al vestuario y la máscara del gran símbolo de los chiapanecos.

La pieza que mide 40 centímetros de altura y 20 centímetros de ancho, es esculpida con esmero para que sea “hermosa y excelente”, asegura González Montoya.

Para el artesano esta talla es la culminación de los 35 años a los que se ha dedicado a labrar la madera, materia muerta, pero que sus manos la convierten en bellas figuras de cualquier medida, no importa el tamaño, ha hecho miniaturas de un centímetro o, en la actualidad, labra un Quijote de un metro con 60 centímetros.

La visita del Santo Padre “me inspira a ser cada día mejor ser humano, a creer en mí mismo, en mi familia y a difundir amor hacia mis prójimos, Dios me ha dado la oportunidad de aprender la talla ornamental”, dice con una sonrisa hospitalaria.

Sentado a un costado de la silla de madera en la que reposan sus herramientas de trabajo: cinceles, formones, gubias, patas de cabra, serruchos, machetes, comparte su ilusión, sin dejar de tallar la pieza, “entregar de manera personal a Su Santidad” el danzante tradicional de la fiesta grande de Chiapa de Corzo.

Sin embargo, aunque no le han confirmado que el Parachico que diseña formará parte de los regalos que están considerados, tampoco lo desanima.

“Quiero presentarle al Papa la alegría de mi pueblo; la alegría a través de las maderas, pero lo más importante, las manos de un artesano chiapacorceño, tengo confianza en que le entregaré este presente, sino buscaría la forma de hacérselo llegar, donde sea”, dice en espera de la invitación añorada.

En diciembre del año pasado, Rosel junto con su hijo, Guadalupe, que estudia la universidad, preparó en madera de cedro una imagen de la Virgen de Guadalupe para regalársela al Sumo Pontífice en la visita que una delegación chiapaneca realizó al Vaticano, en diciembre pasado, encabezada por el gobernador Manuel Velasco Suárez.

“Esta pieza – -la Virgen de Guadalupe- la trabajé a los largo de nueve meses y lo más hermoso fue cuando me dijeron que tenía que viajar a Roma a hacerse presente como artesano, uno de los sueños que yo tanto anhelaba se logró”, expresa lleno de júbilo.

La madera para los artesanos, explica en entrevista, “es nuestra herramienta fundamental, nos gusta verla y cuando nos la donan, decimos aquí hay algo adentro”, qué vemos, “puede ser una imagen, una escultura, un animal, un busto”.

Para el maestro, a quien lo rodean decenas de figuras de madera y ámbar, “los troncos ya vienen formados en sí, lo que hacemos es quitarle lo que está de más, quedan figuras hermosas”, dice esbozando una sonrisa.

“Nos comunicamos con el material, cuando salimos a caminar vemos un trozo tirado, de inmediato decimos esta forma tiene”, así es como Rosel hizo un gran jaguar echado.

Las ideas, admite, las roba de lo que ve y vive todos los días; sus padres son campesinos, su maestro fue su hermano José Alberto, quien inició en este oficio a los siete años.

Rosel comenzó a los nueve años, “era un niño que quería las pelotas, jugar trompo, canicas, pero no se dio la inclinación al juguete sino a la necesidad de aprender y ahí están los resultados, gracias a mis padres que me dieron la oportunidad soy artesano, no sabía ni rayar ni dibujar”.

Para él no hay tregua; labrar, tallar, convertir la madera, es su pasión, no hay horarios ni días, “saboreamos con la vista lo que hacemos”, comenta sin dejar de raspar la madera que ha sido transformada en la figura de un “Parachico”.

Este símbolo cultural del estado de Chiapas quedará listo a más tardar el 10 de febrero.

Su pasión por la talla de la madera lo encaminó a abrir una escuela para transmitir a niños y jóvenes la enseñanza de este arte, que lo acercó al Papa Francisco y que ahora vuelve abrirle la posibilidad de repetir esa experiencia en la visita que el Sumo Pontífice realizará a este mágico y misterioso estado.


NOTAS RELACIONADAS

ÚLTIMOS

MÁS VISTOS

HOY EN

PROYECTO 40