Francisco el Papa de la Fe

Papa oficia misa en Ecatepec este domingo

Se desborda fe de católicos en el municipio más poblado de México

Una fiesta de fe y color desbordó hoy a Ecatepec gracias a más de 300 mil personas que participaron en la misa celebrada por el Papa Francisco aquí, el municipio más poblado del país.

Fieles de diversas ciudades del país y más allá de las fronteras llegaron desde muchas horas antes para alcanzar un buen espacio en los campos del Centro de Estudios de Ecatepec, donde se montó un enorme templete en forma de medio círculo que acogió el altar del Pontífice.

Algunos de ellos arribaron incluso con 17 horas de anticipación como Margarita López Juárez, quien viajó otras tres horas desde su natal Querétaro acompañada por un grupo de feligreses de esa entidad.

“Pagamos pasaje en un autobús, somos varios compañeros. Tres horas tardamos, llegamos como a las cinco de la tarde del sábado, estuvimos parados allá afuera hasta las 12 de la noche que abrieron las puertas”, explicó a Notimex.

Cuando pudo ingresar al predio debió caminar por un kilómetro, pero el esfuerzo le permitió quedar entre las primeras filas, justo detrás de una zona reservada para enfermos, discapacitados e invitados especiales.

Aunque aseguró que la entrada no fue caótica, con tanto movimiento perdió de vista a sus compañeros y pasó la noche junto a otros feligreses, con quienes terminó trabando amistad.

“Hizo muchísimo frío, pensé que en un momento a alguien le podía pasar algo porque sí bajó mucho la temperatura, pero gracias a Dios todo transcurrió con calma”, agregó.

Junto a ella, Teodora Maldonado también pasó una noche movida. Con una bandera del Vaticano estampada con las imágenes de la Virgen de Guadalupe y del Papa Francisco, se dedicó a lanzar porras y entonar cánticos.

Sin mostrar particulares signos de cansancio, confesó haber llegado a las ocho de la noche del sábado y haber entrado a medianoche.

“Ayer un poco de frío y ahora calor pero vale la pena todo esto, el sacrificio que hacemos porque lo hacemos por amor a nuestro Papa”, indicó la señora, oriunda de Ecatepec.

“(La venida del Papa) es un aliciente para nosotros, porque él trae la caridad, el perdón, la oración. Nos estamos alejando un poco de Dios y nos hace falta mucha oración. Eso es lo principal que él nos está enseñando, la oración, la humildad, ojalá que algo se nos quede de todo lo que nos diga para que podamos cambiar”, explicó.

Aseguró que su municipio se preparó para recibir al Pontífice con mucha seguridad, pero también con algarabía y felicidad, porque “como católicos lo esperamos con mucho amor”.

Un amor que demostró también Alma Delia Moya, que pasó la mañana sosteniendo dos estampas de la Virgen de Guadalupe que agitó con fuerza al momento de la llegada de Francisco quien, a bordo del papamóvil, sumió en el delirio a la multitud.

A lo largo de la mañana el ambiente de emoción se fue encendiendo lentamente, al ritmo de las canciones religiosas y las porras que los diversos animadores, por turnos, entonaban desde el templete.

Abajo, entre la gente, destacaron los colores y las banderas, las playeras con la cara del Papa argentino y las mochilas llenas de agua, comida, fruta y abrigo.

Cada tanto, de entre la gente, algunos de los cuatro mil voluntarios distribuidos entre la multitud auxiliaba a alguna persona desmayada o víctima de un golpe de calor. Esa imagen se repitió varias veces.

Para la ocasión se movilizaron 10 mil elementos de seguridad. Aún así entre los asistentes existe conciencia de que Ecatepec es uno de los municipios con mayor índice de violencia y de feminicidios en el país. Varios de ellos lo comentaron, al recordar que es también el distrito con más pobladores de México.

Desde ese lugar, corazón de la periferia mexicana, el Papa clamó por un México “donde no haya necesidad de emigrar para soñar; donde no haya necesidad de ser explotado para trabajar; donde no haya necesidad de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.

“Una tierra que no tenga que llorar a hombres y mujeres, a jóvenes y niños que terminan destruidos en las manos de los traficantes de la muerte”, apuntó el jerarca de la Iglesia católica.


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